Bibliotecas para transitar del miedo a la esperanza

 

Sergio Fajardo

 

Sinónimo de violencia. Epónimo de un cartel terrible. El territorio del más célebre narcotraficante colombiano, ya muerto. Uno de los vértices, junto a Ciudad Juárez (México) y Caracas (Venezuela), del triángulo de la violencia extrema en América Latina. Acaso no haya logrado dejar atrás del todo su mal nombre, pero hubo un día en el que alguien dejó de formular retóricamente lo que debería hacerse para quitar a Medellín de esa lista infamante y emplazó a sus conciudadanos a apoyarlo en las urnas para conseguirlo mediante el uso de dos armas incruentas: la educación y la cultura.

Un profesor universitario de Matemáticas que había sido columnista de prensa y subdirector de un periódico asumió esa tarea, en la que la enseñanza y las bibliotecas debían jugar un papel fundamental.  Desde la alcaldía impulsó un ambiciosísimo proyecto del que solo es una pálida muestra la renovación y construcción de numerosísimos centros educativos o la puesta en funcionamiento de cinco Parques Biblioteca –algunos, como el Parque España, encaramado en lo más alto de la montaña, siguen cautivando a quien se acerca hasta ellos-. El pasado 20 de octubre Sergio Fajardo (Medellín, 1956) recibió en Madrid el premio Antonio de Sancha que concede la Asociación de Editores de Madrid. Su mérito, “su contribución a la transformación de Medellín, a través de este proyecto cultural y educativo, utilizando como eje la biblioteca y la lectura”.

Fajardo resume su intensa gestión entre 2004 y 2007 al frente de la alcaldía de la segunda ciudad más poblada de Colombia con palabras en las que se sugiere otra forma de hacer política. “No llegamos para repartir lo público en pedazos, sino para hacer de la transparencia una forma de gestión. Siendo yo un profesor, la pedagogía es una componente permanente de la política”. Una expresión, un eslogan, condensa esa filosofía. ‘Medellín, la más educada’ significó una apuesta por la educación pública, la ciencia, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la cultura como los motores del desarrollo. Y todo ello, explica, “orientado a hacer de este proyecto una herramienta para luchar contra la violencia y al mismo tiempo construir oportunidades”. Estos principios se concretaron en una arquitectura y un urbanismo sociales. En nuevos espacios públicos –escuelas, bibliotecas, parque de las ciencias…- construidos allí donde el índice de desarrollo humano era más bajo y la violencia más alta. “Dignificamos lo público. Construimos los nuevos puntos de referencia bajo la expresión ‘Lo más bello para los más humildes’ y llegamos”, añade, “con un mensaje poderoso de transformación”. Del miedo, a la esperanza. Ese era su leitmotiv.

Los dos árboles

Pero que nadie se llame a engaño. Las mejoras en los programas educativos, los planes de lectura, el Parque Explora y las nuevas aulas para la ciencia y la tecnología, los nuevos centros culturales o las bibliotecas en barrios extenuados por la droga y el crimen no obraron milagros por sí solos. En sus conferencias, el ex alcalde de la capital de Antioquia utiliza la metáfora de los dos árboles: el de la violencia y el de las desigualdades, la pobreza, la exclusión. Están separados, pero próximos. Las raíces de cada uno empiezan a crecer. Los árboles también crecen, y los vemos. Las raíces aumentan su tamaño, se empiezan a expandir y poco a poco se encuentran. No las vemos.  Al cabo de los años se enmarañan. En la superficie, dos árboles que en el subsuelo tienen ya una única raíz. “Para extraer esos árboles es necesario sacarlos de forma simultánea. No se puede dejar de luchar contra la violencia. Pero la policía y la justicia han de estar acompañadas de intervenciones sociales”. A esa imagen de los dos árboles, Fajardo agrega otra, la de una maleza que va creciendo en su entorno y que actúa como un fertilizante poderoso, la corrupción. “Toca trabajar simultáneamente. Con hacer Parques Biblioteca no se acaba la violencia. El narcotráfico es la expresión más poderosa de la destrucción. Al que tiene precio se lo encuentran y al que estorba lo eliminan. Esa es la peor destrucción posible”.

El ex alcalde fue siempre consciente del poder transformador de la educación, pero también de su situación de ventaja. “Tuve el privilegio de poder acceder a la mejor educación posible. De tener siempre puertas abiertas por las que ir transitando. De crecer en una familia con una condición social acomodada. De poder ir a estudiar a otra parte”. Estudió lo que quiso. Matemáticas. Algo raro en un contexto social en el que lo lógico era entrar en el mundo de los negocios, del dinero. Hizo el doctorado. Ejerció en universidades. Pero nunca olvidó la idea de que, para construir una sociedad justa, lo que para él era un privilegio debía convertirse en un derecho de todos. “Lo tenía muy claro. Por eso regresé a mi país y no me quedé en el exterior como profesor de Matemáticas en una universidad. Tenía que aportar para que mucha gente pudiera hacer”. Escribió artículos. Intervino en programas de opinión. Participó en consejos nacionales. Se cansó de decir a otros lo que se debería hacer y finalmente se atrevió a intervenir en la vida pública. Porque los políticos “son los que deciden”.

Creó Compromiso Ciudadano por Colombia, se presentó a las elecciones municipales y solo al segundo intento conoció la victoria. Desde la alcaldía puso en marcha ese proyecto por el que ahora ha sido reconocido en Madrid y que antes le valió galardones como el de mejor alcalde de Colombia entre 2004 y 2007 o el de Personaje de América Latina 2007 del Financial Times. El ex alcalde subraya un concepto del que, se queja, no se habla mucho en política. La dignidad. La violencia, asegura, encierra. Divide. Atomiza. La dignidad aparece cuando un colectivo se siente reconocido por la sociedad. Cuando la ciudad empieza a derribar los muros que crea la violencia. “Nosotros empezamos a tumbar esos muros cuando a la ciudad empieza a llegar un montón de gente a ver un Parque Biblioteca en un sitio adonde no iba un ser humano. Eso es muy poderoso. Se llama dignidad y no lo cuantifica nadie. No ha habido una solo incidencia de violencia en Medellín asociada con un Parque Biblioteca o con el Parque de la Ciencia. Ni uno. Son sitios que la comunidad cuida y protege. Se respeta porque fueron construidos con ellos. Ellos fueron parte de todo ese proceso”.

En 2007 dejó el Ayuntamiento, pero no la política. En Colombia no es posible encadenar mandatos al frente de una corporación local. En las pasadas elecciones generales concurrió como candidato a la vicepresidencia en la lista del Partido Verde de Antanas Mockus. En la segunda vuelta el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos se hizo con la presidencia. Sergio Fajardo no es presa fácil del desaliento. Su lema es “si lo soñamos, lo logramos”. El 7 de noviembre su movimiento se unirá de forma definitiva con los verdes y juntos fijarán su próximo reto en las elecciones locales de octubre de 2011. “Somos la esperanza de Colombia”, afirma. Dejado atrás el miedo, asoma de nuevo, en forma de sueño, la esperanza.

Publicado en Escuela nº 3.881 (28 octubre 2010)

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