Letras reencontradas

 

Fernando Sánchez Dragó entrevistando a Rosa Chacel (foto tomada de carta-de-ajuste.blogspot.com)

 

Si los estudios que vigilan el rendimiento educativo de los estudiantes toman en consideración una variable como la del número de libros de que dispone la biblioteca familiar, ¿por qué no tener en cuenta también la calidad de la programación televisiva a disposición de esos mismos estudiantes y de sus familias? ¿Subiría muchas posiciones España en los informes Pisa con esta floreciente industria de la televisión digital? ¿O más bien descendería hasta alcanzar a los países con los que no queremos que nos asocien? La desaparición de CNN+ y su sustitución por un programa de cuyo nombre no quiero acordarme es algo más que un síntoma del estado de la cuestión. La televisión pública dispone de un canal dedicado por entero al deporte, y uno confía, por lo menos, en que ese esfuerzo pagado con el dinero de todos repercuta hondamente en los logros y en la sabiduría deportiva de los españoles. Pero no puede dejar de lamentar que no ocurra otro tanto con la cultura, y que el anunciado canal especializado de RTVE que iba a redimirnos de la ignorancia haya quedado en el limbo de los justos con la excusa de la crisis económica. Cabe la sospecha de que, habiendo ración diaria de fútbol, para qué gastar el dinero en la divulgación cultural, algo absolutamente superfluo.

 

 

Piensa uno sobre ello cuando, después de deprimirse zapeando inútilmente hasta el infinito, vuelve a La 2, y en esa cadena en la que uno no sabe nunca qué se encontrará, si a un redivivo Félix Rodríguez de la Fuente o un recuento de jóvenes españoles que tuvieron que salir fuera del país para poder desarrollar su creatividad, se topa con un programa de libros. Página 2 aborda algo reñido en principio con el lenguaje audiovisual, pero de la mano de una propuesta ágil y entretenida su director, Óscar López, sale airoso del empeño por hacer de la lectura un material televisivamente atractivo. ¿En qué cadena privada de las muchas decenas que han proliferado por la derecha podría acercarse uno a la inteligencia de un Umberto Eco o de un Félix de Azúa, por hablar solo de los protagonistas de las últimas entregas?

Mientras hallo una respuesta sincera, surge inesperadamente de entre las profundidades azarosas de Internet un ensayo de Juan Carlos Ara Torralba, profesor de Literatura en la Universidad de Zaragoza. El tema suscita un rápido reconocimiento, mezclado con una inicial extrañeza. El artículo se titula ‘Encuentros con las letras, mucho más que una galería televisiva de la literatura en la Transición’. La extrañeza es que el programa de televisión con el que uno se asomó a los libros se haya convertido ya en objeto de estudio. Pero es que el tiempo pasa y las preocupaciones universitarias se diversifican. En su texto Juan Carlos Ara analiza aquel programa que nació en 1976, al tiempo que otras empresas culturales que habrían de jugar un destacado papel en la transformación de España, como El País, Historia 16 o Diario 16, y que desapareció en 1981, no sin haber sufrido los embates de la censura y entre acusaciones de elitismo. Dirigido por Carlos Vélez, director años antes de una revista, Acento cultural, en la que habrían de hacer sus primeras armas literarias muchos de los que protagonizarían después la vida cultural de este país (véanse las memorias de Rafael Conte), el programa nació como un magazine dedicado a las artes y a las letras. Al cabo de 41 programas semanales de, pásmense, hora y media de duración, Encuentros se desembarazaría de las artes y pasaría a ocuparse tan solo de literatura. Con este nuevo formato, iniciado en abril de 1977, llegarían a realizarse 276 programas. Un número nada desdeñable.

UHF

Una parte de ese elitismo acusador lo ponía ya la propia TVE: la recepción de la segunda cadena de la única televisión existente, el llamado UHF, era algo incierto y nunca garantizado en aquella minúscula ciudad de provincias en los últimos años de la década de los 70 o primeros 80. De la memoria agradecida surgen nombres nunca olvidados: Esther Benítez, Isaac Montero, Jesús Torbado, Daniel Sueiro, Miguel Bilbatúa, Fernando Sánchez Dragó… Y uno de los recuerdos que acarrea la lectura del ensayo de Ara Torralba es precisamente un aviso en una librería llamada Macondo en el que se denunciaba la cancelación, por obra de los censores, del programa dedicado a Gárgoris y Habidis, un libro que se convirtió en un verdadero bestseller progre. O tempora! El formato básico del programa era tan elemental como su decorado o su realización: un entrevistador y un entrevistado en torno a una mesa en la que se apilan unos libros. De las entrañas de la red se pueden rescatar sin mucho esfuerzo tres muestras de Encuentros: una entrevista de Esther Benítez a Mercé Rodoreda, otra de Jesús Torbado a un juvenil Alberto Vázquez Figueroa y una conversación con un desconocido poeta de provincias que apenas había publicado su segundo libro y a quien el tiempo recompensaría con el Premio Cervantes, Antonio Gamoneda.

El texto de Juan Carlos Ara forma parte del libro Televisión y Literatura en la España de la Transición (1973-1982), editado por la zaragozana Institución Fernando el Católico. En la librería mejor surtida de Madrid los dependientes no pudieron dar con el único ejemplar registrado en sus ordenadores. Por una de esas casualidades que en una novela serían un acabado ejemplo de inverosimilitud, apareció tras el escaparate de otra que ya había dado comienzo a su fin de semana. Para reflexión sobre la Ley Sinde, el libro está íntegro en la web de la editorial, a entera disposición de quien tenga interés en él. Sirvan estas líneas de homenaje a Encuentros con las letras, pero también a sus muchos sucesores: Tiempo de papel, Biblioteca Nacional, Negro sobre blanco, Estravagario y a tantos otros, hasta llegar a esta Página 2 con la que todavía podemos consolarnos. Tal vez el target del programa de Óscar López no se nutra de muchos estudiantes de Secundaria o Bachillerato ávidos de saber sobre libros y escritores. Pero sospecho que si Página 2 no fuera una diminuta isla en medio del proceloso océano televisivo los resultados de los informes internacionales quizá fueran menos insatisfactorios.

Publicado en Escuela nº 3.891 (27 enero 2011)

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