Una Barcelona en blanco y negro

Fotografía de Joan Colom

El largometraje documental En construcción ejemplifica ese proceso transformador en el que se mezclan lo sociológico y lo urbanístico, y en virtud del cual un barrio se puebla de nuevos moradores con mayor poder adquisitivo, a costa del desplazamiento de los que han sido sus habitantes tradicionales. Gentrificación, se le llama a ese relevo. A lo largo de tres años José Luis Guerin y seis alumnos del máster de Documentales de creación de la Universidad Pompeu Fabra fueron testigos del proceso de alteración humana de un popular barrio barcelonés, ese al que primero se llamó Distrito quinto y ahora se denomina Raval, y que durante un siglo se ha conocido como Barrio Chino. Las 120 horas rodadas se convirtieron en una película de 127 minutos que, cuando se presentó en el Festival de San Sebastián de 2001, obtuvo el premio especial del jurado, pero a la que los cronistas del momento erigieron en vencedora moral del certamen.

Joan Colom (Barcelona, 1921) conocía bien el barrio. Había nacido en el Distrito quinto, aunque lejos de la zona más canalla y prostibularia. Sin ningún conocimiento técnico, y ya con 36 años, se hizo un día con una cámara y muy poco después se dedicó a fotografiar el ambiente de ese reducto marginal. Por las tardes aparcaba su trabajo como contable y armado con su Leica se empleaba en registrar el alma de ese barrio sórdido. Como ningún fotógrafo hubiera sido bienvenido por esas calles, Colom ideó un sistema para pasar inadvertido.

Con la cámara sujeta a la mano y el brazo descolgado hasta la rodilla derecha, apretaba desde esa altura el disparador y lograba obtener unas tomas, siempre verticales y siempre en blanco y negro, que retrataban de manera clandestina una oscura forma de supervivencia. Entre 1958 y 1961 Colom retrató la vida callejera de ese barrio escondido, como también había fotografiado antes la del puerto barcelonés. En 1961 realizó su primera exposición. Un reportaje de 49 tomas que suponían una ruptura con el arte fotográfico del momento y en las que, en definición de los expertos, se renunciaban a toda aspiración artística en favor del contenido. En torno a este manifiesto artístico coincidiría con un grupo de fotógrafos como Francesc Catalá-Roca, Xavier Miserachs, Ramón Masats, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés, Ricard Terré o Tony Catany en un movimiento de renovación al que otro integrante, Josep María Casademont, bautizaría con el nombre de Nova avantguarda (Nueva vanguardia).

Una mínima muestra del trabajo desarrollado por ellos puede verse estos días en la librería Blanquerna. En esta suerte de embajada cultural de Cataluña en Madrid se exhibe una pequeñísima parte de la obra de cada uno de estos autores. Pueden contemplarse los retratos de Dalí, Tàpies o Pla que captó Catalá-Roca. El niño pelado de Tony Catany con su camisa blanca abotonada hasta el cuello y enmarcado en el luto fuera de foco de dos viejas. La sordidez de los gimnasios en los que unos jóvenes sueñan con que el éxito pugilístico los redima de una precaria existencia, o el ensimismamiento con que un hombre contempla el libro barato que acaba de adquirir, acaso en el Mercat de San Antoni, que capturó Ramón Masats. La magnífica foto de Oriol Maspons, reproducida cada vez que ha de hablarse de la Escuela de Barcelona, en la que Carlos Barral comparece acompañado de sus ‘escuderos’: Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Josep María Castellet. O esa otra composición también espléndida de una modelo fotografiada junto a una cría de elefante ante la seria mirada de unos fotógrafos y ejecutivos con cartera. Las procesiones de Ricard Terré. Unas décimas de segundo de un día de 1962 en la calle Pelayo de Barcelona o la sombra fugaz de un pasajero reflejada en 1954 en los azulejos de la estación del metro de la Plaza de Cataluña, debidas a Miserachs. Y también, claro, una diminuta porción de esas imágenes de intuido comercio carnal captadas por Joan Colom en el Barrio Chino, y que las cartelas identifican como Gente del Raval.

Los libros de Lumen

Uno de esos nuevos vanguardistas, Oriol Maspons, puso en contacto a Joan Colom con Esther Tusquets, a cuyo cargo estaba la editorial familiar, Lumen. Tusquets le mostró las fotos de Colom a Camilo José Cela. Cela escribió los textos que compondrían Izas, rabizas y colipoterras y que engrosarían una colección en la que la literatura de escritores como Delibes, Vargas Llosa o Ignacio Aldecoa se complementaba con las sabias imágenes de fotógrafos como Miserachs, Masats o Colom. Esos libros, que alcanzan cifras respetables en el mercado de segunda mano, han sido retomados por la editorial La Fábrica, que los está reeditando. El libro de Cela le reportaría reconocimiento a Joan Colom, pero también problemas. Al parecer, una de las mujeres que aparecían fotografiadas en el libro lo denunció. Todo acabó en nada, pero Joan Colom, que empezaba a recibir encargos decidió dejar a un lado la cámara. Las distinciones públicas no llegarían hasta mucho después. En 2002 recibió el Premio Nacional de Fotografía. Unos años antes el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) había exhibido una amplia muestra de su producción. Hasta el 27 de marzo la solemnidad financiera del antiguo edificio del Banco de España en Soria acoge sus fotografías en una muestra que tiene un largo recorrido previo por numerosas ciudades y que, organizada por el Ministerio de Cultura, lleva como título ‘Fotografías de Barcelona 1958-1964’. Esas imágenes atestiguan cómo transcurría la vida de la calle en el Barrio Chino de los años 60; cómo era el trabajo cotidiano en un mercado como El Born, una magnífica arquitectura de hierro que durante años ha subsistido sin tener un destino a la altura de su belleza, o cómo las barracas del barrio de Somorrostro, en estos días objeto de una iniciativa que pretende recuperar su memoria, sucumbieron al ser alcanzadas por la construcción del Paseo Marítimo. Siempre hay una parte de las ciudades que desaparece ante el avance inapelable del progreso. No siempre tienen a un José Luis Guerin o a un Joan Colom para salvarlas del olvido.

Publicado en Escuela nº 3.895 (24 febrero 2011)

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