Bella entre las bellas

 

Si en un país como el nuestro gozan de tanto predicamento las ferias del libro, que ocupan parques y plazas públicas con la llegada del buen tiempo, es porque durante el resto del año nadie osa pisar una librería. Las librerías se antojan establecimientos de dudosa reputación a los que la gente parece haber decidido no acudir, a menos que los lleve una obligación escolar ineludible, un compromiso que no pueda resolverse de una manera más sencilla o el vicio. No es tampoco descartable que piensen en la posibilidad de que en su interior puedan ser objeto de un humillante examen que desvelará un trato reducido con la lectura. Aunque constituyan una especie en proceso de extinción y cada vez sean menos las que ofrecen volúmenes nuevos y más las dedicadas a los que ya crían polvo, hay librerías para todos los gustos y necesidades. Unas pocas gozan de dimensiones abrumadoras, y bastantes son tan minúsculas que a duras penas justifican su rótulo. En algunas no entra un título que no vaya acompañado de su correspondiente pedigrí, y en otras un bestseller de temporada se alinea sin complejos junto a un clásico del XVIII. Las hay consagradas por entero al libro, y no faltan las casquivanas que lo engañan con objetos de papelería, reproducciones xerográficas y hasta alcoholes de alta graduación. Las más divas debieron saber en una existencia anterior de la fugacidad de los aplausos o tener tratos con el oscurantismo religioso. Y tampoco faltan las que llevan una existencia virtual, intangible, meros indicios en algún rincón inexpugnable de Internet.


Por haber, las hay también seductoras y hermosas. En estos tiempos en los que todo se clasifica, se cuantifica y se ordena, no podía dejar de haber una lista con las librerías más bellas. Una que no falta nunca en esas enumeraciones es Lello & Irma᷉o. En medio de un Oporto desvencijado que añora los tiempos florecientes de un remoto pasado colonial se alza esta tienda de libros que Enrique Vila Matas consideró como la más bonita del mundo. El edificio neogótico que desde el 13 de enero de 1906 ocupa el número 114 de la Rua das Carmelitas es el fruto de una sucesión de lances comerciales y genealógicos que se remonta a 1869, cuando el francés Ernesto Chardrón fundó en la cercana Rua dos Clérigos la Librería Internacional. Su fachada blanca de arcos rebajados, puntillas que añoran la Baja Edad Media y figuras que simbolizan el Arte y la Ciencia preludia un interior que parece tener más de biblioteca con regusto de siglos que de escaparate de portadas llamativas hermanadas con el olvido. Una espléndida escalera de madera labrada, que se bifurca en el segundo tramo, da acceso a un piso superior coronado por una generosa vidriera que aporta gran luminosidad y a la que no ensombrece la divisa que contiene: Decus in labore.
Monumento histórico
Para los turistas que hoy se inmortalizan ante ella o que se mueven con sigilo por su interior para desobedecer la inmisericorde prohibición de realizar fotografías que a cada poco algún empleado les recuerda con enojo, la Lello & Irma᷉o es menos una sugerencia de lecturas infinitas que un monumento histórico tan imposible de eludir en la visita a la ciudad como el puente de Don Luis I que vigila a un Duero moribundo. De entre los títulos portugueses, salta a la vista algún volumen con referencia española, como la obra del cordobés Luis de Góngora, pero de los muchos visitantes que entran muy pocos salen con algo entre las manos que no sean recuerdos de la propia librería. Sin duda, la confianza en la escritura que deben albergar aún sus propietarios ha de ser mucha, porque todavía no han accedido a cambiar un modelo de negocio que pide a gritos el cobro de un módico importe por la visita. Tal vez no se vendieran más ejemplares, pero la caja registradora echaría humo.
La imagen de una librería atestada no deja de constituir un fenómeno inusual, salvo que el calendario marque 23 de abril o que en la caseta de la feria correspondiente estampe su rúbrica un autor nimbado por la fama, siquiera sea televisiva. En tiempos de tránsito hacia no se sabe qué, como los actuales, nadie se atreve a predecir el futuro de estos establecimientos, como tampoco el del propio libro impreso sobre papel. Aunque todavía falta para que su hermano electrónico lo estrangule con las garras que ya empieza a mostrar, las grandes librerías virtuales han empezado a tomar posiciones. No es del todo imposible que hasta los menos fervorosos de la tinta electrónica acabemos apretando más pronto que tarde un botoncito para poder empezar a leer. Lo que es seguro es que ningún portal de Internet en el que adquiramos uno de esos volúmenes digitales será capaz de rivalizar en belleza con viejas librerías como la Lello & Irma᷉o, ese bastión de papel y madera labrada que sostiene un Oporto que se deshace entre las manos.

Publicado en Escuela nº 3.915 (22 septiembre 2011)

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