Una conversación interminable

Bazar Arroyo 

Puestos a ser diferentes, la de recoger por escrito y en extenso el diálogo con importantes nombres de nuestra cultura -ya sean escritores, pintores, músicos, fotógrafos o cineastas- es una de esas iniciativas que nunca han logrado arraigar entre nosotros. Lástima. Aunque no han faltado intentos de mayor o menor mérito, lo cierto es que tales empresas no han prosperado como para consolidar un género editorial que sí existe en otras culturas. Aquí se ha normalizado el género memorialístico, y aun el diarístico, pero aún no se ha podido dar carta de naturaleza de un modo continuado a esa larga conversación con alguien que tiene mucho que contar y que tal vez no lo haga nunca por escrito. De los años 90 han quedado prolongadas charlas con autores como Juan García Hortelano, Miguel Delibes, Juan Gil-Albert o Rosa Chacel. Y más recientemente, el tímido intento de RqueR con Javier Marías, la dibujante Maitena o el diseñador de zapatos Manolo Blahnik como protagonistas. Un proyecto frustrado casi en la línea de salida y algo frustrante en su realización: una entrevista con Javier Marías recogida en un libro en octava que apenas llega a las 80 páginas por fuerza ha de saber a poco a sus más fieles lectores.

Alberto Anaut, que es un periodista lo suficientemente inteligente como para abandonar a tiempo el periodismo, comanda desde hace años un floreciente emporio editorial sustentado en la fotografía y en la edición de revistas que van de la imagen a lo literario. Desde La Fábrica impulsó hace tiempo una colección de libros basados en el diálogo con un fotógrafo de prestigio. Ahora le ha dado una vuelta de tuerca a esa fórmula, y una exposición del pintor Eduardo Arroyo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid ha sido la excusa perfecta para ello. Ubicada en el sótano de esta institución cultural, la muestra responde cabalmente a su título. Bazar resulta una suma heteróclita de objetos nacidos en el taller y la imaginación de este pintor neofigurativo. Al visitante que desciende por la escalinata lo recibe una gigantesca cabeza de toro de purpurina, a la que flanquean un murciélago de aluminio –‘El rey de la noche’-, una vanitas compuesta con piedras planas de mediado tamaño y dotadas de ojos de plomo o una obra en la que unas hormas de zapato y unas hojas de latón aproximan el recuerdo a la cabeza de un famoso cervatillo llamado Bambi.

Escenografías

La muestra se recorre rodeado de objetos así: una mesita de bronce coronada por un botellín  de Tío Pepe, apliques de pared con un solo ojo luminoso con los que se homenajea a James Joyce, moscas atrapadas en ventanas, enormes calaveras que sostienen velas, bolsos con plátanos de madera a modo de asas, tapices de caucho negro o cuadros como el que tiene como protagonista a un triple Walter Benjamin o el que representa al pintor Francis Biras disfrazado del escritor francés Pierre Loti. En el centro, muestras del trabajo escenográfico de Arroyo para óperas como Boris Godunov o Doctor Fausto y ejemplares de su trabajo alrededor del libro, tanto en su faceta de ilustrador de textos ajenos como en la de autor de los suyos propios. Libros, pinturas, esculturas o esos ‘aforismos cinematográficos’ entresacados de películas de todo tipo conforman el característico mundo de este pintor que continuamente reniega de la solemnidad y la trascendencia.

A la vista de estas piezas que oscilan entre la ocurrencia y la invención genial, no se hace raro pensar que Bazar pudiera ser una exposición de compromiso armada con piezas que el tiempo ha ido acumulando en el taller del artista. Y si no hubiese un relato que lo contradijera, tal vez pudiera pensarse que la muestra no era más que la escenografía perfecta con la que acompañar la presentación de una película o un libro sobre el pintor. A la salida, el visitante puede someterse a la disciplina de un fotomatón que le devolverá un retrato firmado por Arroyo, pero también probar suerte en la pantalla de un ordenador que ofrece algo parecido a una ruleta audiovisual ideada por Alberto Anaut.

A lo largo de una semana de principios de septiembre de 2011, con dos cámaras de vídeo y la compañía de los técnicos imprescindibles, Anaut grabó una larguísima conversación con Eduardo Arroyo, cuyo visionado dura 24 horas. Al igual que hicieron David Trueba y Luis Alegre con Fernando Fernán-Gómez en La silla de Fernando, Anaut eligió para el rodaje una única localización en el estudio del pintor, y desde el extremo de un sofá Arroyo va rememorando su biografía y respondiendo a las preguntas de su interlocutor. En esa ruleta audiovisual que completa un círculo de 24 horas, el visitante puede elegir un momento u otro, y pasar a su antojo de la evocación infantil de un pésimo estudiante, a su marcha a Francia con poco más de 20 años, sus relaciones con Giacometti o Jorge Semprún, sus opiniones sobre el exilio, la burocracia cultural, la relación de los artistas con el poder, su vuelta a España muerto ya Franco o su relación con el lienzo: “Cuando está terminado, lo vuelvo contra la pared y no lo veo más. No puedo vivir con mis cuadros. No sé por qué, pero para mí es una angustia enorme vivir con mis cuadros”.  

Alberto Anaut, que es sin duda un tipo inteligente, ha rodado un documental de gran interés sobre un personaje que conoce bien. En vez de limitarse a nutrir pantallas de cine, televisión u ordenador, ha volcado todo ese material y le ha dado forma de libro. Exposición individual. 24 horas con Eduardo Arroyo es un volumen de 300 enérgicas páginas repletas de opiniones contundentes. En ellas Arroyo, que se confiesa extremadamente iracundo, poco tolerante y bastante rencoroso, desgrana momentos de su vida y de su tiempo, sacude estopa y no reprime su aversión al mundo del arte de hoy. El proyecto, la película, el libro, conforman una experiencia interesantísima que debería tener continuidad. Poder asistir pronto, en papel o en vídeo, a nuevas y casi interminables conversaciones con gente que como Arroyo ha vivido tanto y tiene tanto que contar sería mucho más que una experiencia gratificante. Una manera de normalizar la vida cultural de este país y dejar por un rato de ser diferentes.

Publicado en Escuela nº 3.939 (29 marzo 2012)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s