El regreso de Xuan Bello

xuan-bello.-Foto_Museu-de-la-vida-rural

En un artículo reciente el poeta Carlos Marzal se refería al carácter evanescente de la literatura, a cómo esta desaparece mientras anudamos una frase con otra. “Lo que queda de un texto en nosotros, después de haberlo leído”, anota, “es el recuerdo de lo que el texto fue. El eco lejano de su música”. Mientras el lector avanza en su tarea, la literatura se esfuma hasta no ser sino una resonancia cada vez más débil. Cuando por fin se funde en el silencio nos deja, sin embargo, un tono. ¿Qué queda de un libro leído con agrado diez años atrás? Acaso una atmósfera, alguna imagen, un cierto aroma: el eco desvaído de un tono.

Cada vez que, en la búsqueda desorientada de un título por el azaroso laberinto de una biblioteca por ordenar, la mirada se cruzaba con Historia universal de Paniceiros, el volumen devolvía el grato recuerdo de una lectura veraniega en 2002. La grandilocuencia borgiana que se abre con solemnidad académica para cerrarse de golpe sobre el nombre de una diminuta aldea asturiana extraviada en los mapas no podía más que suscitar de inmediato un arranque de simpatía. El nombre de su autor apenas nos decía nada. Xuan Bello: nacido en 1965, periodista, poeta y narrador, uno de los más valiosos autores de la literatura actual en lengua asturiana. El relato que prometía narrarnos la historia de un pequeño lugar a través de todos los tiempos se desentendía de su propósito nada más empezar. En la primera línea aseguraba que, como el secreto de aburrir radica en contarlo todo, solo lo iba a hacer a medias, “dejando una penumbra adrede”. Tampoco postergaba su poética: “Mi ambición literaria es retratar la vida, como fue o como soñé que era, de un lugar que no tiene más de cuarenta habitantes”.

Xuan Bello hacía tiempo que había dejado de ser el autor novel deslumbrado por la contemplación de su primer libro impreso. Para entonces, había publicado ya una decena de títulos, desde que a los 16 años dio a la imprenta su primera entrega poética. A pesar de que lo había concebido en “una lengua, el asturiano, que muy pocos hablan, que muchos menos leen”, Historia universal de Paniceiros llegaba en castellano a sus primeros lectores. Solo la repercusión lograda haría que este libro, en el que las divagaciones toman todos los rumbos posibles y en el que la memoria, los nombres y el folclore de la aldea se amalgaman con las presencias queridas de Álvaro Cunqueiro, Josep Pla, José Luis García Martín, Philip Larkin y tantos otros, volviese a la lengua en la que había sido escrito.

Diccionario personal

La mano que del anaquel extrae con nostalgia lectora Historia universal de Paniceiros tiene a su alcance un poco más allá otro libro de Bello que, siendo el mismo, es también distinto. En Los cuarteles de la memoria, publicado solo un año después, el lector no tardaba en reconocer un tono familiar: ese fondo en el que gravitan lo local y lo universal, el mito y la memoria, los nombres de la tierra y los de la literatura. Todo ello trenzado con una suerte de diccionario personal en el que, antes que una definición, cada una de las palabras escogidas perfilaba un mundo,  que en el orden del alfabeto abarcaba desde las aves migratorias, las bibliotecas y las ciudades, hasta las vacas, la xana y el zaguán. Todo ese orbe -“un viaje iniciático, un viaje imposible a mi pasado”- quedó poco después reunido en las más de quinientas páginas de Paniceiros (Areté, 2004), y a partir de entonces el nombre de Xuan Bello fue adentrándose, para la literatura en castellano, en una niebla como la que protagoniza alguna de esas páginas. La aparición ahora en una modesta editorial aragonesa, Xordica, de La nieve y otros complementos circunstanciales, aparecido originalmente en 2006, devuelve su nombre a nuestras librerías y nos permite saber que Paniceiros ha tenido continuidad con Al dios del lugar, publicado en 2007 en una casi invisible editorial vallisoletana, y con La historia tapecida (2008), de la que no consta que haya todavía una versión en castellano. El mundo de Xuan Bello sigue, pues, girando.

En La nieve, que empieza hablando de lo hermoso de los nombres de los ríos del mundo, Bello mantiene ese tono conocido en el que conviven Borges, un emperador chino, el poeta Víctor Botas, El Bierzo, una escena en la nieve extraída de una película, los músicos de trasmundo o la contemplación de un árbol inmenso desde la ventana de una residencia estudiantil en Braga. Hay en él relatos, poesía, traducciones, como hay también reflexiones, recuerdos, reivindicaciones y hasta postales mallorquinas, aunque el lector no sepa nunca el origen de estas prosas. Si son anotaciones diarísticas, o si artículos ensayados antes en periódicos o revistas. Son, en cualquier caso, textos breves, a cuya corta extensión escapan solo unos pocos, como el dedicado a la poeta portuguesa Sophia de Mello, escrito a raíz de su fallecimiento; el que tiene como tema la ciudad de Oporto, o aquel otro en el que analiza la relación que mantienen las lenguas y el poder.

De los libros queda, nos dice Carlos Marzal, el recuerdo de lo que el texto fue, el eco lejano de su música. De la vida, de nuestro pasado, apunta Xuan Bello, solo va quedando una voluntad de color, una especie de acuarela semiborrada en la que nos esforzamos por ver figuras vivas entre la niebla. Unas veces tienen un aire abstracto, como salidas de un cuadro de Kandinsky, y otras se asemejan a la perspectiva renacentista de la Ciudad Ideal. La vuelta de Xuan Bello a nuestras librerías es una estupenda noticia.

Publicado en Escuela, 6 diciembre 2012

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