La eclosión de Chaves Nogales

Casi cincuenta años después de su prematura muerte en el exilio londinense, debían de ser muy pocos los que en 1993 supieran algo sobre Manuel Chaves Nogales; y, todo lo más, lo recordarían como el autor de una vieja biografía sobre Juan Belmonte, aparecida a mediados de los treinta y que en 1970 recuperó para su incipiente catálogo la Alianza Editorial de Ortega Spottorno, Jaime Salinas y Javier Pradera. Un extenso reportaje sobre un torero de fama, publicado por entregas en una revista gráfica de antes de la guerra. Un periodista olvidado, como casi todos tarde o temprano. Una isla en el océano. Hacia 1990 Rogelio Reyes Cano, un catedrático universitario, puso a una joven doctoranda de Filología Moderna sobre la pista de un autor que consideraba estimable. La estudiante, María Isabel Cintas, nunca había oído hablar de ese autor del que nadie tampoco sabía nada y cuya obra hubo de rescatar de entre polvorientas librerías de viejo y arrinconadas hemerotecas. A partir de ese momento el nombre de Manuel Chaves Nogales no dejará ya de formar parte inseparable de su vida. La tesis la embarcará en una ardua tarea de siete años que después recordará como dura, solitaria y a veces frustrante. El trabajo doctoral aún tardó en contar con el cum laude y en alcanzar la imprenta, pero la recopilación que de la obra narrativa del periodista realizó Cintas y que en 1993 publicó la Diputación de Sevilla iba a suponer el inicio del rescate de un escritor injustamente olvidado.

De entonces para acá la obra de Chaves Nogales ha conocido una espectacular eclosión. Los dos tomos de su narrativa, primero, y los otros dos de su producción periodística, más tarde, señalaron el camino para una recuperación que necesitó de la llegada de un tiempo propicio. Su obra está hoy viva como nunca y al alcance del lector en diversas editoriales. Si Austral fue la precursora, Libros del Asteroide, que empezó publicando el famoso reportaje sobre Juan Belmonte, tiene ya en su catálogo cinco títulos; Renacimiento ha publicado, entre otras, sus crónicas de guerra, y Almuzara acaba de rescatar algunos reportajes sobre Andalucía, la colonia africana de Sidi Ifni o la España de Franco. Su obra ha experimentado un resurgimiento tal que escritores como Javier Marías disputan sobre quién supo antes de él y tachan a los demás de advenedizos, y otros como Juan Bonilla temen llegar tarde con la edición de un libro que tiene un aire de homenaje.

Siltolá es una isla que no existe. Es también el nombre de una editorial sevillana cuyo catálogo merecería mayor proyección de la que tiene. Uno de los libros publicados más recientemente por La isla de Siltolá lleva dos apellidos por título. Chaves Nogales reúne textos de Felipe Benítez Reyes, Jordi Amat, Daniel Gascón, Fernando Iwasaki, Eva Díaz Pérez, el propio Bonilla o Andrés Trapiello. Cada uno de ellos indaga en las interioridades de un libro de Chaves, pero es Trapiello el que, como estrella invitada, reflexiona aquí sobre la asombrosa actualidad del autor. El poeta, novelista y ensayista leonés se pregunta cómo es posible que un escritor “tan original y tan sagaz” y al que se deben probablemente algunas de las mejores páginas sobre la guerra civil nos fuera desconocido durante tanto tiempo.

“Un pequeñoburgués liberal”

Nacido en Sevilla en 1897, Chaves Nogales, que había hecho sus pinitos periodísticos en diarios de Sevilla y Córdoba, se instaló en la capital de España a mediados de la década de los veinte y ya en 1927 era redactor jefe del Heraldo de Madrid. Allí publicó un año después un reportaje sobre una aviadora que había cruzado el Atlántico y que le hizo merecedor del Premio Mariano de Cavia de periodismo. Ese texto formaría parte luego de un libro titulado La vuelta a Europa en avión, una fórmula que repetiría con otros reportajes. Desde su puesto como redactor jefe de Ahora, un diario defensor del orden establecido –la monarquía en su momento, y la segunda república después-, publicó numerosos artículos y reportajes y mantuvo estrecha amistad con Manuel Azaña. Su concepto de la democracia era profundo y sentía animadversión hacia los extremismos y las fórmulas revolucionarias.

Tras la sublevación militar de 1936 y con el periódico incautado, se mantuvo unos meses en su puesto y pasó a ser el ‘camarada director’. Pero la intransigencia del momento lo forzó a dejar España a finales de noviembre de ese mismo año. Poco después, apareció en una editorial chilena A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, una colección de relatos ambientados en la guerra civil, solo por cuyo prólogo estremecedor, como ya ha señalado alguien, Chaves Nogales merece un lugar relevante en nuestras letras. En la presentación, en la que empieza definiéndose como un “pequeñoburgués liberal”, el autor recuerda cómo la estupidez y la crueldad empezaron a apoderarse en un momento dado de España, influidas por una peste que unas veces adoptaba la forma del comunismo y otras la del fascismo o el nacionalsocialismo. Chaves vio cómo la guerra y el miedo lo justificaban todo, supo por confidencias que había “contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros” y tomó la decisión de abandonar el país cuando quiso permitirse “el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos”.

Víctima de una peritonitis, murió en Londres en 1944, a los 46 años de edad. Para el franquismo era un periodista republicano, un odioso demócrata. Para la izquierda, un liberal, un moderado. El olvido se cernió sobre él hasta que el tiempo empezó a posibilitar una visión de la guerra que huía del maniqueísmo y que consentía en denunciar los excesos tanto de una parte como de la otra. Fue entonces, nos dice Trapiello, cuando alguna gente comenzó a recuperarlo, “cuando empezamos a ver, reconocer y compartir aquello que decía de la guerra, no antes”. El rodeo que nos ha permitido calibrar la hondura de Chaves Nogales ha sido sin duda demasiado largo. Siempre es preferible que ese momento llegue, aunque tarde, a que no lo haga. Pero tal vez no podamos agradecerle nunca lo suficiente a aquel profesor de Literatura el que un día le hablara a una joven universitaria sobre un escritor olvidado.

Publicado en Escuela nº  (21 febrero 2013)

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