Una luz en la niebla

Revista Luzes

El fúnebre decreto que establecía la muerte de la prensa escrita no ha logrado impedir una inédita floración de revistas. La irrupción de productos informativos expresamente concebidos para las tabletas no ha evitado tampoco que el papel cobre una nueva vida. Diarios nacidos en internet ponen a disposición del lector revistas físicas. Exitosos magazines digitales se trasladan al soporte impreso y mantienen con sus beneficios la web gratuita. En un mundo tambaleante, internet y el papel comparten ecosistema. Internet parece hoy el rey de la jungla. Lo impreso, una especie corajuda que se resiste a desaparecer. Pueden ser los últimos coletazos del pasado o una avanzadilla del porvenir, lo cierto es que determinadas librerías, esos comercios que son a un tiempo quiosco, bazar y restaurante o las nuevas cafebrerías ofrecen un tentador ramillete de novedosas publicaciones impresas que se atreven a conjurar la maldición de lo obsoleto. En un recuento apresurado e incompleto surgen revistas como Jotdown, Orsai, Tinta Libre, La maleta de Portbou, Líbero, Cuadernos, Panenka, Yorokobu, Five, Kireei

La última por ahora acaba de asomar en el buzón. Tras un número 0 que excitó hace unos pocos meses el deseo de tenerla pronto a la vista, Luzes ha arrancado su andadura con una portada tenebrista que en blanco y negro proclama justo lo contrario de lo que declara: ‘Aquí no pasa nada’. No es, naturalmente, un titular casual. Menos aún para una publicación nacida en una Galicia en la que la opacidad, el caciquismo secular y la desfachatez política vuelven a las andadas. Tampoco resulta fortuita esa irónica llamada de atención en una revista avalada por Manuel Rivas, quien comparte la dirección con el veterano periodista Xosé Manuel Pereiro. Luzes es otra secuela de ese vendaval desaforado que azota a la prensa escrita. Es más que probable que esta publicación de 132 páginas, escrita íntegramente en gallego e impresa en un papel de buen gramaje no hubiera llegado a existir si la crisis periodística no se hubiera llevado por delante el suplemento cultural que la edición regional de El País publicaba hasta no hace mucho con ese mismo título y también en gallego, aunque entonces la ‘z’ fuese una ‘c’. Bajo la imagen oscura de un paisaje neblinoso surcado por postes alambrados Luzes aspira, según sus responsables, a encender una hoguera de ideas, juntar voluntades y voces y convocar gente del común a su alrededor, al calor de historias que hablan de nuevos rumbos. “Nos gustaría ser una antorcha que alumbre entre la niebla que cubre la información, que despeje las negruras que nos ocultan mundos y existencias tan necesarias como el pan”, dice su manifiesto. Una luz que combata la oscuridad, pero también la reivindicación de lo mejor del oficio periodístico

De la mano de algunos excelentes periodistas hispanoamericanos vive un nuevo resurgir la crónica, el reportaje de largo aliento, el periodismo literario. Sin embargo, si hay alguien que entre nosotros haya hecho del periodismo y de la literatura un género híbrido, ese es Manuel Rivas. En el prólogo a El periodismo es un cuento, el autor de Un millón de vacas o Qué me quieres, amor cuenta una anécdota de su paso por la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Al presentar un trabajo se topó con una amonestación docente que en vez de caer en el olvido se convertiría en un acicate: “Esto no es periodismo, ¡esto es literatura!”, le reconvino el profesor. “Otra lección invertida”, sentenciará muchos años después el escritor en esas páginas que recogen algunos de sus trabajos periodísticos. Probablemente Luzes no se explica sin aquellos años madrileños de juventud en los que Lois Pereiro y Manuel Rivas, entre otros, ideaban una revista hecha con voluntad y ciclostil que maquetará Xosé Manuel (Sánchez) Pereiro e ilustrará Raimundo Patiño, Loia. Como tampoco, sin aquella otra impulsada en los noventa por Rivas, Luzes de Galiza, que aún llegaría a honrar la memoria de Lois Pereiro, el poeta y amigo fallecido en 1996, a los 38 años.

Luzes celebra el reportaje largo, como el que recuerda las vidas singulares de algunos gallegos residentes en los Estados Unidos; la entrevista demorada, como la del cineasta chileno Patricio Guzmán; el perfil de un poderoso presidente de Diputación visto por Manuel Jabois, o la otra imagen de Julia Otero, a través de sus fotografías de infancia. Luzes no parece una apuesta pasajera. Viene a iluminar el camino. Apuesta por el papel sin desdeñar lo digital. ¡Larga vida!

Publicado en la edición impresa de Escuela, 8 enero 2014

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