A vueltas con el Cervantes

goytisolo

Que se sepa, la Ley de Transparencia no reserva ni una sola línea a promover la nitidez en la toma de algunas decisiones colegiadas, como las que se dan en el Consejo de Ministros o en la concesión del Premio Cervantes. Es una lástima. Frente al secretismo de las deliberaciones de quienes acceden al cargo de ministro, quizá no estuviera de más la presencia de unos ágiles taquígrafos que tomasen buena nota de reticencias o rechazos, a semejanza de los jueces cuando emiten votos discrepantes a una sentencia. Por lo mismo, los historiadores de la cultura dispondrían de un buen material con el que nutrir manuales y biografías si, al poco de que se hiciera público el nombre del ganador del Cervantes, se divulgasen los debates habidos entre los miembros del jurado, al modo en que se publican las intervenciones en coloquios o mesas redondas. Los aficionados podrían calibrar así la intensidad de los apoyos, el espesor de las impugnaciones, la fiereza de los asaltos a las buenas maneras, el rigor de las decisiones.

Hubo un ministro que, en medio de una trifulca en torno a un premio Nobel que todavía no había sido honrado con el Cervantes, amagó con hacer públicas las actas de los premios que desde 1976 llevan el nombre del autor del Quijote, para que se supieran los votos logrados por cada candidato. El de ministro es un cargo efímero en el que no siempre se cumplen los deseos, y aquella amenaza llegó muerta a los periódicos. Cuando los partidarios de Camilo José Cela vivieron como una ofensa el premio concedido en 1989 al paraguayo Augusto Roa Bastos, Jorge Semprún reveló que el autor de La colmena había logrado un solo voto del jurado y que en las dos ediciones anteriores ni siquiera había sido finalista. ¿Carecía Cela, premio Nobel de Literatura ese año, de mérito suficiente?

Cada vez que se hace público el nombre del ganador, la rutina hace acto de presencia. Los periódicos convocan a los afines al premiado para que elogien al amigo y los preteridos se duelen en privado, a la espera de mejor ocasión. El momento álgido tendrá lugar el 23 de abril, cuando el afortunado reciba en Alcalá de Henares la medalla y el diploma que lo acreditan como digno sucesor de don Miguel. Del dinero, siempre grosero y vulgar, se hará entrega por vías menos ostensibles. Al Cervantes, que acostumbra a recompensar una trayectoria concluida, se accede por escalafón y, aunque no falten a veces los atajos en virtud de algún tipo de vínculo ni haya unanimidad en la atribución de los méritos y de la antigüedad, todo discurre con mansedumbre hasta el año siguiente.

Hubo al menos una vez en que esa atonía aparente en que vive de puertas afuera el mundo cultural español se agitó de un modo impetuoso. El máximo galardón de las letras en español había recaído en Francisco Umbral, y las cámaras de televisión grabaron las palabras serviles con las que el escritor agradecía a un miembro del Gobierno el galardón. Irritado por una elección que consideraba inmerecida, Juan Goytisolo redactó un artículo furibundo en el que arremetía contra Umbral y denunciaba la ‘putrefacción de la vida literaria española’, ‘el triunfo del amiguismo pringoso y tribal’ y ‘la apoteosis grotesca del esperpento’. Al calor de ese artículo –titulado ‘Vamos a menos’-, Goytisolo respondió a las preguntas de un periodista que le interrogó sobre qué haría si al año siguiente se le concedía a él el Cervantes. Según esa transcripción, Goytisolo había respondido: “Estoy dispuesto a firmarlo ante notario: no pienso aceptar el premio Cervantes nunca. No soy ningún bien nacional ni estoy dispuesto a admitir ningún premio nacional. Quien piense que escribí esa crítica para que me lo dieran a mí, es que no me conoce ni conoce mi obra”.

Días atrás, como se sabe, el jurado convocado por el Ministerio de Cultura otorgó el Premio Cervantes a Juan Goytisolo. Si bien Semprún no llevó su amago al Boletín Oficial del Estado, y la Ley de Transparencia no obliga a hacer públicas las deliberaciones del tribunal, sí ha trascendido que fueron necesarias siete votaciones antes de conseguir una mayoría favorable. Lo reñido del fallo, ¿cuestionaba los merecimientos del autor de Reivindicación del conde don Julián, cuando parece fuera de toda duda su aportación a la literatura española? Por lo demás, en los 14 años transcurridos desde aquel embate dialéctico Goytisolo parece haber cambiado su opinión sobre el premio. El próximo 23 de abril tiene una cita con Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares y promete no faltar.

Publicado en Escuela, 4 diciembre 2014

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