Pentimentos

reescrituras

Al dar por acabado un cuadro puede que no transcurra un largo periodo de tiempo hasta que su autor lo exponga al público y encuentre un comprador, y entonces es probable que no vuelva a verlo en años o décadas. Acaso únicamente se reencuentre con aquella pieza que un día salió de sus pinceles si su arte logra perdurar y ser merecedor de análisis y revisión. Pese a ello, tampoco faltará quien, si la ocasión se presenta, enmiende sus viejas pinceladas, a la manera de un Antonio López.

Al dar a la imprenta por primera vez sus textos los novelistas revisan varias veces las galeradas de su obra para librarla de erratas y realizar correcciones de última hora. A diferencia de los pintores o los escultores, los escritores pueden tener el resultado de su invención al alcance de la mano y repasarlo a su antojo. No todos se atreven. Más de dos y más de tres han jurado no haber vuelto a leer el libro desde que llegó a sus primeros lectores, e incluso haber olvidado al cabo del tiempo pasajes, personajes o escenas. Quizá solo ante alguna circunstancia singular: una reedición especial, un prólogo conmemorativo, una presentación en otra lengua, vuelvan sus ojos sobre aquellas páginas escritas hace muchos años, cuando ellos eran otros, lo mismo probablemente que su escritura. Ante la tentación, la mayoría preferirá dejar intacto el texto o realizar mínimas correcciones. Algunos, sin embargo, se atreven a abrir de par en par las páginas de alguno de sus viejos libros, ponerlas boca abajo, extraer de la caja de herramientas los destornilladores y los martillos del escritor, y desmontarlo todo para reconstruir con clavos, tuercas y tornillos nuevos y viejos un artefacto renovado. Eso es lo que han hecho los autores de tres novelas recientes: Javier Pérez Andújar, Patricio Pron y Javier Cercas.

Pérez Andújar (Sant Adrià de Besòs, Barcelona, 1965) editó en 2002 en una pequeño sello barcelonés un volumen titulado Catalanes todos. Las 15 visitas de Franco a Cataluña, al que seguirían un ensayo sobre Salvador Dalí y tres novelas, la última Paseos con mi madre, que le han valido un público lector creciente y el interés de su nueva editorial por repescar aquella vieja obra. Catalanes todos se ha distanciado de su subtítulo para centrarse en una serie de personajes que, desde su franquismo inicial, van evolucionando hacia un catalanismo acomodaticio. Pérez Andújar no oculta la idea de haber creado una novela de tesis, y si se conviene que se trata de una novela, la tesis que la sustenta sería la de que el patriotismo, al igual que la energía, apenas experimenta una aparente transformación. Temporalmente, la pieza alcanza casi hasta las vísperas del prometido referéndum, sobre cuya realización se cruzan hoy todo tipo de apuestas. Es una pena, sin embargo, que el azar dejara fuera algo que ya ha dado un gran juego satírico: la enorme ópera bufa de ese molt honorable expresident que al cabo de treinta años se revela como un magnífico y austero defraudador.

Tampoco Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) se ha resistido a la tentación de volver sobre una antigua novela. Pron, que en pararelo ha dado a la luz un ensayo, El libro tachado (Turner), y que en poco tiempo ha logrado hacerse un nombre en la joven narrativa española, tituló con un exabrupto su novela sobre la guerra de las Malvinas, aparecida en 2007 en Buenos Aires. En su nueva vida, Una puta mierda ha mudado su nombre por otro más convencional y presentable. Nosotros caminamos en sueños (Random House) es la ácida caricatura de una guerra absurda. Una novela de la que no están exentos el humor negro y el surrealismo, y en la que tampoco falta un texto que justifique su reescritura, al igual que sucede en Catalanes todos y en El vientre de la ballena. Esta última se publicó en 1997, unos pocos años antes de que el éxito editorial de Soldados de Salamina catapultara el nombre de un hasta entonces desconocido profesor universitario. Javier Cercas confiesa en su prólogo que durante años pensó que debía reescribir aquella novela. Pero sostiene también que no ha pretendido desvirtuarla adaptándola a sus exigencias estéticas actuales. De cualquier manera, se trata de una novela más que interesante, con su inteligente cuota de metaliteratura, que probablemente no debiera pasar tan inadvertida como parece que lo está haciendo. Las tres reclaman un investigador ocioso que, superponiendo sobre los trazos de ayer las pinceladas de ahora, dé cuenta de los arrepentimientos. De los pentimenti.

 

Publicado en Escuela, 11 septiembre 2014

 

 

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