Un año para Vinyoli

vinyoli

La víspera del que sería su último cumpleaños, Manuel Vázquez Montalbán lo agasajó con una columna en la última página de El País. “Un poeta cumple 70 años. Se llama Joan Vinyoli y ha conseguido ser uno de los cinco poetas catalanes de posguerra de obligada mención”, escribía el autor de El pianista, antes de enumerar a los otros cuatro –Salvador Espriu, Pere Quart, Miquel Martí i Pol y Gabriel Ferrater– y de dolerse del desconocimiento que de la cultura de los territorios con lengua propia tenía la España de 1984. Treinta años después existe la sospecha de que esa ignorancia no ha sido erradicada. A Vinyoli lo había traducido en 1980 José Agustín Goytisolo (40 poemas, Lumen), y a aquel primer intento de darlo a conocer en castellano le sucederían las propuestas de Visor, Calambur y Pre-textos, empeñadas en hacer de Vinyoli un poeta imprescindible.

Al año Espriu, celebrado con todo tipo de parabienes y adhesiones patrióticas, le ha sucedido, cuando se conmemora el centenario de su nacimiento, el Año Vinyoli. Como suele ser habitual, el escritor de turno es situado en un primer plano que quizá nunca ocupara tan nítidamente, y en torno a su figura y a su obra se prodigan por un tiempo limitado los artículos que recuerdan cómo era, los estudios que pretenden enfoques nuevos, y las reediciones de sus textos. Por fortuna, el caso de Vinyoli no será diferente. Hace diez años, cuando se cumplieron los veinte de su muerte, también hubo ocasión para el recuerdo público. El poeta Joan Margarit fue el encargado de dictar la conferencia inaugural del primer simposio internacional Joan Vinyoli, organizado en Santa Coloma de Farners (Gerona). Margarit consideró importante que su visión del autor de Tot es ara y res o Encara les paraules fuera acompañada por una selección de la poesía del homenajeado. Ese trabajo ha tardado diez años en ver la luz. Se titula Poemes (Proa) y luce un extenso prólogo de treinta y seis páginas. El poeta, arquitecto y catedrático universitario jubilado parte de la convicción de que Joan Vinyoli es uno de los poetas más grandes en lengua catalana. Pero no es la suya una lectura complaciente, acrítica, servil. Para Margarit, lo críptico y lo tópico son los dos grandes enemigos de la poesía y, según asegura sin ambages, los primeros libros de Vinyoli sucumben a los lugares comunes. De algunos poetas se afirma que mejoran cuando se espiga su obra en antologías. Se viene a decir con ello que su producción no está siempre a igual altura y que los altibajos pueden ser más que notables. En el caso de Vinyoli, apunta Margarit, cabe hablar de libros importantes, “incluso cruciales”, pero quizá no de libros redondos. Esa rotundidad procedería, a su juicio, del puñado de espléndidas piezas que detecta a partir de su cuarto libro, Realitats (1963). “El conjunto de todos estos poemas clave, pongamos un centenar”, agrega, “es el que compone, a mi parecer, una de las obras poéticas más sólidas que se han escrito en catalán”.

Qué sea un buen poema puede ser asunto para otra discusión. En 1990 Lourdes Güell y Fernando Valls publicaron en Visor una antología de Vinyoli titulada con el verso final de uno de sus poemas más celebrados. “(…) Si fuiste / fracaso, anhelo y soledad y reserva / de la chispa que enciende bosques / y no solo / proyecto avaro de ganancias / de hipócrita dominio, / sobre todo si fuiste / puro en lo puro, diré que diste / la medida de un hombre“. Es un poema de Vent d´aram (1976) que sí figura en las antologías de José Agustín Goytisolo y de Vicente Valero (1997) y que sin embargo Margarit excluye. Felizmente no sucede así con otro de los que prefiero. Pertenece a Encara les paraules (1973), en la versión en castellano de Valero lleva por título ‘Antes que nazca el alba’, se apoya en una de las rimas de Miguel Ángel Buonarroti y su lectura puede que no deje indiferente a nadie: “Es bueno tener lágrimas a punto, contenidas, / por si de pronto muere / alguien que amas o lees /un verso o piensas en el juego / perdido, / o bien, de noche, antes / que nazca el alba, algún ladrido / rompe el duro silencio. / Y llegan los recuerdos / de tantas culpas que no has / expiado nunca, / y ves al derrotado / ejército de hombres / arrastrando los pies pesadamente / por los llanos fangosos / bajo la lluvia, mientras silban / los trenes. // Que todo es duro, cruel y sin piedad / y siempre el mal y la vergüenza duran”. El Año Vinyoli no ha llegado aún a su mitad. Todavía hay tiempo para sacarle provecho.

 

Publicado en Escuela, 19 junio 2014

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