Machado en tiempos de Twitter

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¿Qué biblioteca particular, por humilde que fuera, no albergaba un ejemplar con los poemas de Antonio Machado? Entre los contados libros que formaban la primera que tuve a mi alcance había uno de la vieja colección Austral, un tomo de la serie violeta con la que se identificaban los volúmenes de poesía. Al final de un recreo de mi último año de instituto, el libro ya no estaba junto a la carpeta de apuntes. Quizá ese ejemplar encontrara en su nuevo destinatario a un lector más atento que aquel que lo había tenido como suyo. Quizá aquel raterillo adolescente terminara por convertirse, si no en un excelso poeta él mismo, sí al menos en un delicado especialista en el poeta sevillano, capaz de sorprender a los estudiosos con sus renovados hallazgos interpretativos. Lo más probable es que no se produjera ni una ni otra circunstancia. ¿No se le habría ocurrido a Juan de Mairena alguna irónica sentencia sobre el caso de un libro de Machado desaparecido en las mismas aulas que pisó don Antonio y en las que ejerció como profesor de Francés por primera vez?

En la casa de Elena Medel tampoco faltaba una edición de las poesías completas de Machado. En la primera página figuraba, escrito a mano, el nombre de su madre, Araceli, y la fecha en la que probablemente lo había adquirido, diciembre de 1978. Según cuenta en El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado (Ariel), ese volumen de Selecciones Austral lucía en su portada una silueta de la cabeza machadiana y sobre esa superficie colorada podía leerse el poema que Rubén Darío le dedicó al autor de Campos de Castilla: la misma edición con la que tuve que sustituir aquel viejo ejemplar robado. Medel es una de las poetas emergentes con mayor proyección en el escenario literario del momento. Cuando aún está reciente su última entrega, la editorial Visor acaba de reunir todos sus versos en un solo volumen, Un día negro en una casa de mentira (1998-2014).

Como nos advierte enseguida, Medel no hace un análisis filológico de Machado, ni procura sesudas erudiciones en forma de notas a pie de página. Es la lectura de una mujer joven de apenas treinta años que también escribe poemas y que vuelve a releer aquellos que Antonio Machado escribió un siglo atrás. Un libro que habla “sobre la distancia que nos separa de los otros y sobre las espinas con las que los otros nos quiebran, sobre mí y sobre quien lo lee y lee a Machado”. Al comienzo de su prólogo al libro en el que Ángel González reunió todos sus ensayos machadianos, Luis García Montero habla de que cualquier poeta, “al hablar de los demás, define su obra”, y que, por eso, quien emprenda ese viaje tendrá la posibilidad de conocer mejor al poeta asturiano. También quien abra las páginas de El mundo mago podrá volver a sumergirse en las sutilezas de don Antonio y, al tiempo, indagar en la sensibilidad que subyace en poemarios como Mi primer bikini, Tara o Chatterton.

Elena Medel estructura el libro en tres bloques. En el primero trata la relación de Machado con la poesía misma y con asuntos como los sueños, la memoria, la muerte o la soledad; en el segundo aborda temas como la infancia, la familia, el amor, el feminismo o el dinero, y en el último reflexiona sobre la presencia de conceptos como la humildad, la educación, la ciudadanía, el compromiso o el paisaje en la obra del autor de Soledades. Galerías. Otros poemas. De su mano, avanzamos en la peripecia biográfica del segundo de los Machado, en sus inquietudes y en cómo todo ello irá dejando huella en su poesía: el abandono de la bohemia y su tardío acceso a una plaza de profesor de instituto en Soria, la experiencia del amor y de su pérdida, su refugio primero en Baeza y más tarde en Segovia, la clandestina irrupción de Guiomar, el regreso a Madrid hasta que la guerra civil lo obligue a una retirada que culminará en el breve y definitivo exilio de Collioure, y en aquellos sus últimos versos: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Nos recuerda Medel que los poemas de Machado responden a la emoción y a la voluntad de comunicar y compartir, y que, debido a su construcción sutil y a determinados juegos de círculos y paralelismos, logra la “sencillez compleja de quien piensa, y escribe, y corrige, y reescribe”. Voces solventes no dudan en sostener que Antonio Machado es el mejor poeta español no del siglo XX, sino del XIX. Elena Medel prueba que tampoco haría un mal papel en estos tiempos de Twitter: “¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”.

Publicado en Escuela (17 septiembre 2015)

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