Un saludo a destiempo

gimenez frontin entero

Aunque en la necrológica que escribió para El País José Corredor Matheos habla de que Los días contados vio la luz en el mes de octubre, el volumen de memorias de José Luis Giménez-Frontín lleva como fecha de aparición la de septiembre de 2008. Un mes más, un mes menos no parece un hecho demasiado relevante. Puede tratarse de días, de semanas. Dos amigos del autor, Eduardo Mendoza y Anna Caballé, apadrinaron el nuevo título el 13 de octubre en La Central de El Raval, la espléndida librería barcelonesa ubicada en la antigua capilla de La Misericordia. Mendoza debió de improvisar su intervención. Anna Caballé, profesora de la Universidad de Barcelona y experta en materia biográfica, leyó unas cuartillas en las que, entre otras cosas, se felicitaba por que la literatura memorialística hubiera logrado en nuestros días un reconocimiento y una consideración que contrastaban con el rechazo cosechado en otros tiempos. Según dijo aquella tarde lejana, la escritura autobiográfica es la principal responsable “de mantener viva la conciencia del individuo y de su experiencia singular, intransferible, de la vida humana”. Una escritura, añadió, en la que un hombre o una mujer muestran a los demás “sus circunstancias, las de su época, y de qué modo esas circunstancias han hecho de él o ella lo que es”.

Con un viaje a México reciente entonces, Caballé dio cuenta de una sentencia con la que los mazahuas, el pueblo indígena mexicano más numeroso, tratan de hacer entender a los jóvenes la importancia de los que los superan en edad: “Cuando pase un anciano, saluda. No seas indiferente a su paso, porque así te alcanzará su sabiduría”. A renglón seguido, la presentadora invocó a los dioses para descartar que pudiese considerarse viejo al autor del libro, a punto de cumplir 65 años, y dijo de él que era “casi un crío al que queda mucha vida por delante”. Nadie sabe la trascendencia de unas palabras amables hasta que el tiempo se toma la molestia de conferirles otro sentido. Firmado por Corredor Matheos, poeta y crítico de arte, el periódico publicaba muy poco después, el 22 de diciembre, el obituario de José Luis Giménez-Frontín, al que apenas tres semanas antes le habían detectado una gravísima enfermedad.

Musil: “Los hombres aman la sucesión ordenada de los acontecimientos porque ello favorece la idea de que su vida sigue un ‘curso’”

Tras su traumático cese en 2004 como responsable de la Fundación Cultural Caixa de Catalunya, Giménez-Frontín aceptó el envite del profesor Fernando Valls y se dispuso a escribir lo que finalmente sería Los años contados, cuatro centenares y medio de páginas en las que recogió lo que hasta entonces había dado de sí su vida. Nacido en el seno de una burguesa familia de Barcelona dispuesta a proporcionarle un seguro acomodo en el bufete mercantil paterno, Giménez-Frontín mostró muy pronto su preferencia por opciones vitales que, pasando por el antifranquismo y una temprana emancipación familiar, lo depositaron en manos del trabajo editorial, el cultivo de la literatura, la docencia universitaria fuera de nuestro país, la defensa de los derechos de los escritores, el trabajo como juez de distrito o la responsabilidad de dirigir una importante institución cultural. Así leída, la vida de José Luis Giménez-Frontín parece definitoria de una determinada juventud que en la España de mediados de los años sesenta del siglo XX se revolvió contra los privilegios de clase que le aguardaban; se enfrentó a un sistema político siniestro que llevaría a muchos hijos de familias notables a una rebeldía que, si no en este caso, en algunos otros terminó por ser más o menos transitoria, y que, con la normalización democrática, trató de buscar acomodo allí donde le fue posible. Aunque no sin desvíos, Giménez-Frontín tomó el camino de la literatura: escribió novelas y libros de cuentos como El carro del heno, Justos y benéficos o Señorear la tierra, poemarios que en 2006 reuniría bajo el título de La ruta de Occitania, traducciones, ensayos diversos y unas memorias en las que plasmó esas experiencias encontradas al paso y que terminan por conformar una vida.

En aquella presentación, Anna Caballé rescató una hermosa frase de Robert Musil: “Los hombres aman la sucesión ordenada de los acontecimientos porque ello favorece la idea de que su vida sigue un ‘curso’ y este les protege, como un abrigo, frente al caos”. La vida de ese crío de 65 años que se llamó José Luis Giménez-Frontín se ordena en las páginas de Los días contados, el descatalogado libro que una mañana emergió entre la oferta de un mercadillo ferroviario. Por si llegara a alcanzarnos algo de su sabiduría, este artículo no es sino un saludo a destiempo.

Publicado en el periódico Escuela (8 octubre 2015)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s