Nostalgia con uasabi y libros

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JAVIER SANZ
En ese acelerado regreso al pasado que han sido estos últimos cuatro años, y a los que cabe esperar que pronto se les ponga un merecido cerrojo, RTVE se ha erigido en audaz avanzadilla de la nostalgia. Echando por la borda un trabajo modélico por su imparcialidad, la televisión pública no ha tenido reparos en volver a los peores momentos del sectarismo de la mano de unos presidentes nombrados, no en el Parlamento, sino en los despachos palaciegos de La Moncloa, y comisionados, como antaño, para defender el buen nombre de un partido en sus roces con la realidad y la justicia. El rigor con el que han llevado a cabo ese cometido ha ido acompañado de una pérdida alarmante de audiencia, aunque eso importe menos que la satisfacción de haber cumplido, ya sin capacidad para el sonrojo, con el encargo. Las críticas formuladas desde dentro y desde fuera por la falta de independencia de sus informativos no han hecho mella. El caparazón del galápago es rocoso.

En ese regreso al pasado, aquel dictador que se llamó Francisco Franco ha vuelto a campear por la televisión pública como si el NODO no fuera un vestigio histórico, sino imágenes rodadas la semana pasada y vueltas a proyectar obligatoriamente en todos los cines de España. Hace apenas unos meses, la nostalgia trajo a la alanceada televisión pública la presencia de algunos rostros que ya figuran en la pequeña historia del ente público. Uno era un antiguo jefe de informativos de los tiempos de Aznar al que se le encargó moderar un debate animado por unos tertulianos cuya sola visión pregonaba de lejos una compacta unidad ideológica con fuerte olor a naftalina. El otro, un famoso productor políglota y ventrílocuo que con sus galas y sus programas de rancio humor cosechaba éxitos algún tiempo atrás. La audiencia, que tiene una veleta propia para reunirse lo mismo en torno a infames chismes de vecindad que ante propuestas inteligentes, dio en seguida la espalda a esas miradas retrospectivas que volvía a ofrecerles la televisión pagada por todos los ciudadanos. El índice de audiencia es hoy el metro de platino con el que se miden el valor y el interés de un programa. Los de Ernesto Sáenz de Buruaga y José Luis Moreno no lograron sobreponerse a esa confrontación. En ese acelerado viaje al pasado RTVE ha vuelto a recuperar también a Fernando Sánchez Dragó para un programa de libros.

En los primeros minutos del primer programa, Dragó no dudó en mostrar un acreditado expediente como divulgador televisivo del libro, que se remonta al Encuentro con las letras de Carlos Vélez de 1976 y que luego continuó en la misma TVE con Biblioteca Nacional, El mundo por montera y Negro sobre blanco, y con El faro de Alejandría y Las noches blancas en televisiones autonómicas férreamente manejadas por el partido de ese nuevo cirujano de hierro al que le debemos esta segunda vida. La 2 de TVE, que a falta de un verdadero canal cultural mantiene unos pocos programas excelentes, cuenta ahora mismo nada menos que con dos dedicados al libro. Bienvenidos sean. Página 2, dirigido por Óscar López, utiliza con sabiduría los recursos televisivos en su ya veterano esfuerzo por hacer de la lectura algo accesible. En Libros con uasabi Sánchez Dragó parece hacer de la necesidad virtud, y los escasos recursos económicos que el espectador sospecha tras el programa los utiliza para no salir de un estudio con varias butacas y un sofá, una mesa soportada por dos columnas de libros atados con una cuerda, algunos cuadros repartidos por las paredes, un tintinesco cohete con el que lanzar al espacio los libros de escaso mérito, y poco más. Su conversación inicial a la luz de un flexo con el escritor invitado recuerda en la forma a los interrogatorios de aquellos lejanos tiempos del Noticiario Documental en los que él mismo pasó, en calidad de estudiante revoltoso, por el Ministerio de Gobernación y por la cárcel. Luego, la conversación en el salón de estilo povero se amplía con la presencia de tres mujeres jóvenes que tienen frescura y que proporcionan una visión del libro desenfadada y susceptible de ganar adeptos.

Milena Tusquets, Andrés Trapiello y Leonardo Padura, flamante Príncipe de Asturias de las Letras, han sido de los primeros en acudir a Libros con uasabi. No le faltará razón a quien sostenga que Sanchez Dragó lleva toda su vida haciendo el mismo programa. Tampoco, a quien sugiera que lo suyo no es sino radio televisada. Personaje polémico donde los haya, el autor de Gárgoris y Habidis ha regresado a sus 79 años para hacer un programa como los de antaño. Nadie podrá negarle su pasión por la literatura. Que los índices de audiencia lo respeten.

Publicado en Escuela (29 octubre 2015)

 

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