Vida de un cronopio

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JAVIER SANZ

El libro. Todos los libros esconden una pequeña historia. También esta biografía que Miguel Dalmau ha escrito sobre Julio Cortázar y que lleva por subtítulo El cronopio fugitivo (Edhasa). Tras indagar durante varios años en la vida del autor de Rayuela, todo parecía listo para que el trabajo fuera a imprenta y se uniera en las librerías a los muchos títulos que en 2014 habrían de conmemorar el centenario del nacimiento del autor argentino venido al mundo en Bruselas. Antes, la agencia literaria que gestiona los derechos del escritor, fallecido en 1984, debía dar su consentimiento a la reproducción de las citas escogidas. La negativa dejó al libro en un callejón sin salida. Dalmau lo explicó en su libro La mala puta (Sloper), desde donde lanzó una rabiosa andanada contra la sociedad literaria española. Sorteada esa especie de renovada censura, la biografía de Julio Cortázar está felizmente en manos de los lectores.

La Maga. Rayuela, esa novela que podía empezar a leerse en la primera página y acabar en el capítulo 56, o bien iniciarse en el 73 y avanzar luego según las indicaciones del autor, arrancaba con una pregunta: “¿Encontraría a la Maga?”. En 1952, recién llegado a París desde Buenos Aires, Cortázar va dejando pistas en las cartas que escribe sobre una innombrada joven de origen judío que sabe alemán, que le traduce a Georg Trakl, con la que pasea en bicicleta y a la que, en el Jardin des Plantes, le leería un primer borrador de ‘Final del juego’. Frente a otras referencias posibles, como Aurora Bernárdez, su primera mujer y luego su albacea, o la poeta Alejandra Pizarnik, Dalmau está convencido de que la Maga se corresponde con Edith Aron, a quien un día Cortázar le habló de sus ganas por escribir un libro mágico. “Diez años después ese libro mágico tomaría la forma de Rayuela”, escribe su biógrafo, quien sostiene que es la obra maestra del escritor argentino y una de las más importantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX. En una entrevista de 2007, el periodista Juan Cruz le preguntó a Aron si ella era la Maga. “¿Yo la Maga? Yo soy mi propia persona”, respondió. Cruz terminaba así: “Imposible decir si fue la Maga. Pero se le parece mucho”. Hoy nadie lo duda. Dalmau, tampoco.

La política. Cortázar fue un escritor comprometido con la causa de la izquierda latinoamericana. Tras la revolución castrista, mostró su entusiasmo por el rumbo de Cuba, aunque se confesaba demasiado burgués como para sumarse a la lucha. Apoyó al presidente chileno Salvador Allende y más tarde defendería la revolución sandinista. Nunca militó en ningún partido y a la altura de 1969, en una entrevista en Life, rechazaba todo comunismo esclerosado y dogmático y abogaba por un humanismo de corte socialista que defendiese una verdadera libertad. En el hecho de que abrazara las causas de Cuba y Nicaragua influyó también el amor por dos mujeres. A diferencia de otros escritores argentinos, como el mismísimo Borges, denunció internacionalmente el golpe de Estado de Videla en 1976, que provocaría 30.000 desaparecidos. La dictadura argentina convirtió al autor de Historias de cronopios y de famas, que se había marchado voluntariamente de su país en los años cincuenta, en un exiliado político. ¿Puede acusarse a Cortázar de miope, tendencioso o ingenuo en materia política?, se pregunta Dalmau: “No. Julio sabía perfectamente que el extremismo ideológico de cualquier signo termina a menudo con sangre y él seguía siendo uno de los hombres más pacíficos de la tierra”.

Final. La muerte de su última mujer, Carol Dunlop, sumió a Cortázar en una profunda desolación de la que no logró recuperarse. Para entonces, el escritor padecía una leucemia que avanzaba de forma imparable. Huyendo de los recuerdos, emprendió un viaje para reencontrarse con sus amigos más queridos, lo que algunos confundieron con una despedida ante un final voluntario. Al regreso de un viaje a Argentina tras una década de ausencia forzosa, multiplicó sus visitas a los médicos, que no lograban identificar el extraño virus que atacaba su sistema inmunológico. Su muerte fue atribuida a la leucemia. Algunos amigos la achacarían luego a un sida contraído en las transfusiones de sangre a que se sometió en 1981 tras una hemorragia gástrica, un razonamiento que su biógrafo comparte.

Cortázar. ¿Quién fue Julio Cortázar? Según Miguel Dalmau, alguien que “tuvo el valor de soñar, de escribir, de amar, de ser libre, de enfrentarse a sus peores demonios y de comprometerse con su tiempo para ayudar a los demás”. Un cronopio.

Publicado en Escuela (3 diciembre 2015)

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