Un año cervantino

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JAVIER SANZ
En la serie que el fotógrafo José Manuel Navia (Madrid, 1957) expone en el Instituto Cervantes de Madrid, bajo el título Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, hay títeres fantasmagóricos, bravíos mares griegos y sirenas de largas cabelleras rubias, mujeres que se cubren hasta la cabeza y refrescan sus pies desnudos en playas tunecinas o vistas del puerto de Argel al atardecer. Hay también piconeras pintadas por Romero de Torres y disfrazadas por Solana, tabernas con descomunales tinajas de barro, iglesias ante cuyo gótico isabelino pasea una muchacha que vuelve su cara a quien hoy la observa, niños en la duda de adentrarse en las aguas de Ruidera, hoteles guarnecidos con almenas de cartón piedra, salones para bodas ubicados en las inmediaciones de algún Gólgota manchego, playas en las que la pólvora rompe el cielo de Barcelona en la noche de San Juan o criptas conventuales abiertas al rescate de un amasijo de huesos incapaces de refrendar la sospecha.

Todo eso hay en estas fotografías con las que Navia ha rastreado la asendereada vida de Miguel de Cervantes. La suya no es una visión arqueológica de lo que de él pueda quedar todavía por el mundo. Es una mirada de hoy hacia aquello que un día fue el escenario de la vida del autor del Quijote. Y, naturalmente, en ese álbum no faltan esos imponentes molinos a los que la distancia empequeñece en su promontorio o aquellos otros que se envuelven en la bruma borrosa de una tarde de tormenta, o los polvorientos rebaños, o las ventas sombrías y solitarias sobre las que el fotógrafo lanza su interrogación: “¿Descansaría aquí Miguel en sus repetidos viajes, a lomos de mula y a razón de ocho leguas por jornada? Es más que probable”.

2016 volverá a ser un año dedicado a Miguel de Cervantes. Con las celebraciones del cuarto centenario (2005) de la publicación de la primera parte del Quijote todavía en la memoria y los desvaídos fastos de la aparición de la segunda diez años después, este que arranca y en el que se conmemora el 400 aniversario de la muerte del escritor se antoja como la última ocasión en mucho tiempo para volver a su vida y a su obra sin que vaya marcada por una de esas fechas rotundas. La exposición de Navia ha sido el detonante de esa carrera tras la memoria del genial autor. No del todo. A finales del año pasado, el personaje más famoso del mundo ya se subió a las tablas del Teatro de la Zarzuela en un montaje de la Compañía Nacional de Danza, y para entonces Miguelanxo Prado también había mostrado sus ilustraciones en la exposición Miguel EN Cervantes. El relato de las maravillas, ofrecidas en la alcalaína Casa Natal. Junto a la Compañía Nacional de Teatro Clásico, la Ron Lalá levanta estos días el telón de Cervantina, un montaje con “versiones y diversiones”, y las Administraciones públicas se afanan por sacar adelante un sinfín de iniciativas, entre exposiciones, publicaciones, congresos o montajes de diverso tipo, con los que homenajear al patriarca de las letras hispanas en una celebración que el Gobierno consideró como un “acontecimiento de excepcional interés público”.

2016 no será solo un año cervantino. También se conmemora el 400 aniversario de la muerte de otro genio con el que Cervantes rivaliza por la condición de mejor escritor de todos los tiempos: William Shakespeare. Un consorcio de instituciones británicas ha unido sus fuerzas para poner en marcha ‘Shakespeare 400’, un impresionante y envidiable programa de actividades en las que se escrutará a fondo la figura del bardo de Stratford-upon-Avon. Una de esas iniciativas ha sido un curso online y gratuito organizado por el British Council, que ya ha logrado reunir nada menos que a 75.000 personas de todos los rincones del mundo. En colaboración con el centro británico, Acción Cultural Española (AC/C) ultima un libro en el que doce escritores contemporáneos, seis españoles y seis ingleses, homenajearán a sus dos colegas. A falta de que el presidente del Gobierno español estampe en los periódicos un improbable artículo en torno al autor del Quijote, a semejanza del que sobre Shakespeare llevaba la firma de David Cameron, uno ya ha incluido a Cervantes entre sus buenos deseos para este año. Como hace mucho de la última vez, se dispone a poner de nuevo entre sus manos, con las fotografías de Navia en la retina, la segunda parte del Quijote, esa que Francisco Rico recomienda a los “novatos dudosos” en el convencimiento de que quien lea la segunda acabará empezando la primera.

Por buenos propósitos que no quede.

 

Publicado en Escuela (21 enero 2016)

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