Una historia bien contada

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JAVIER SANZ

Cuando ahora se teclea en Google el nombre de Mario Vargas Llosa, a la página oficial del novelista y a la que le dedica la Wikipedia les sucede una rara mezcla de vínculos en los que se van entreverando las noticias referidas a su producción literaria y periodística con las de su relación reciente con una reina del papel couché. Un poco más abajo, esa revista que en su cabecera nos saluda cordialmente se hace eco de la asistencia de la nueva pareja del escritor a la inauguración del seminario ‘Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad’, con el que se ha celebrado a un tiempo el 80º cumpleaños del autor peruano y la publicación de su más reciente novela, Cinco esquinas. ¡Vargas Llosa en el Hola!, seguirá diciendo más de uno, no repuesto todavía de su aparición en la portada de ese semanario anunciando a bombo y platillo su amor por Isabel Preysler. El más difícil todavía: ¡Un escritor en la portada de una revista del corazón!

No solo. El homenaje tributado en la Casa de América de Madrid ha tenido como prolegómeno una presencia mediática solo reservada a las grandes ocasiones. Tras hacerse eco toda la prensa, la radio, la televisión e internet de la presentación de Cinco esquinas, la Ser le dedicó un programa especial titulado ‘Las esquinas de un Nobel’ y el suplemento cultural de El País, ‘Babelia’, desplegó un sinfín de páginas y de firmas en su honor. Tantas fueron que, después de contarlas como si fueran miuras –“8 páginas 8”-, Ignacio Echevarría, desde su tribuna de El Cultural, se refirió al espectacular despliegue de su antiguo periódico como algo “en cierto modo tan impúdico”, antes de pasar a rebatirle al “maestro Vargas” sus ideas sobre erotismo y pornografía, plasmadas en una conversación con el periodista Javier Rodríguez Marcos.

(Casi) Toda nueva novela de Vargas Llosa supone una gran ocasión. Cinco esquinas arranca con una escena de sexo entre dos ociosas y hermosas mujeres de la alta burguesía limeña y concluye con otra en la que el número de amantes se ha incrementado y aún puede hacerlo más. Entre medias, desfilan un empresario chantajeado, un abogado pragmático sin problemas de conciencia y con fácil acceso a las más altas esferas de la dictadura de Alberto Fujimori, un fotógrafo burlado que trata inocentemente de sacarle un rendimiento económico a unas fotos comprometidas, un periodista sin escrúpulos –“es decir, un periodista”, como una vez sintetizó genialmente Gonzalo Suárez-, una subalterna suya, un siniestro asesor presidencial –remedo del lúgubre Vladimiro Montesinos– y un humilde recitador que se convertirá en víctima de todos ellos y en el más entrañable personaje del relato. Unos y otros deambulan por unas páginas en las que, a las escenas sensuales, les suceden otras dignas de una novela policiaca o de denuncia, hasta ir confluyendo en ese capítulo polifónico que reúne alternadamente las voces de todos.

Las complejidades formales que, en otro momento de su trayectoria, hicieron de Vargas Llosa un autor exigente necesitado de un lector a su altura están aquí simplificadas al máximo. Con todo, la maestría del Premio Nobel sigue intacta y la novela fluye hasta quedar al alcance de cualquier lector. Sin entrar en mayores pormenores, no resulta difícil convenir con Nadal Suau, crítico del suplemento cultural de El Mundo, que Cinco esquinas es una novela “entretenida, ágil, no muy matizada pero casi nunca del todo irrelevante”, aunque no un libro importante. Es, sobre todo, una historia bien contada. ¿Y qué es una historia bien contada? El mismo Vargas Llosa lo ha respondido alguna vez: aquella en la que el lector no tiene la impresión de leer sino de vivir, y en la que parece que las palabras “se han eclipsado y que las reemplazan los hechos, los paisajes, la realidad pura”.

Mario Vargas Llosa ha cumplido ochenta años y, con motivo de esta efeméride, ha anunciado su propósito de seguir “empecinadamente leyendo y escribiendo hasta el final”,  por más que, como recuerda, no deje de ser una muestra de optimismo hablar de futuro a esa edad. Para sus muchos lectores, será un motivo de alegría. Sin embargo, probablemente no acometa en lo que le quede de vida esa novela que un fascinante personaje de su entorno más próximo está reclamando y que, más temprano o más tarde, alguien terminará por escribir, con una pluma no tan excelente como la del escritor peruano. Ese autor futuro deberá idear un buen título. Vargas Llosa ya gastó en otra novela, Travesuras de la niña mala, el que le estaba destinado a ese relato.

Publicado en Escuela (10 abril 2016)

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