Sainete o esperpento

b-web

JAVIER SANZ

La escritora Rosa Ribas sostenía en una entrevista reciente que novelar la actualidad política española “sería un sainete difícil de creer”. En su definición de este género teatral, los académicos de la Lengua, además de su carácter popular, subrayan su naturaleza cómica y burlesca. Como la apariencia de verdad sigue siendo una exigencia fundamental para la novela realista, no resulta difícil compartir la tesis de Ribas: una novela que quisiese narrar la actualidad política española se toparía con el muro de la inverosimilitud. Hubo alguien, Rafael Chirbes, que se tomó la molestia de contar los años de la corrupción inmobiliaria, pero, a su muerte, nadie parece haber querido coger su testigo. Tal vez nos falte perspectiva. Acaso también un Valle-Inclán.

Los novelistas quizá estén tomando notas todavía y esperando a que se cumpla el necesario proceso de decantación. Mientras tanto, una película como El hombre de las mil caras ha sabido cosechar galardones y buenas críticas. No sé si la cinta en la que Alberto Rodríguez narra las turbias andanzas del espía Francisco Paesa tras Luis Roldán, el corrupto ex director general de la Guardia Civil, es una película política o simplemente un thriller desarrollado en los putrefactos fondos del poder político español de los años noventa. Quizá tampoco importe mucho. Por lo demás, y contrariamente a lo que podía hacer pensar aquella bromista esquela que dio noticia de su muerte en Tailandia un 2 de julio de 1998, de su posterior incineración y de las misas gregorianas que en su memoria se encargaron en el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña (Burgos), ahora hemos sabido, como si formara parte de la promoción de la película, que Paesa goza de una excelente salud y de una estupenda memoria. Y nos alegramos de ello.

Tal vez sea un sainete inverosímil nuestra realidad política española, la misma que se demora en la provisionalidad al cabo de dos elecciones generales y casi un año de gobierno en funciones, o que encumbra por incomparecencia de la oposición al presidente de un partido acorralado por la corrupción y salpicado él mismo por la podredumbre. Un sainete tan burdo que no requiere siquiera de un autor que componga su retrato. B. fue una pieza teatral estrenada por Alberto San Juan con el título Ruz-Bárcenas y es ahora una película de David Ilundain. Una película indispensable. Para hablar de la corrupción en la que un partido político ha estado chapoteando con ventaja desde hace veinte años o más, solo era necesaria la declaración ante un juez de un tipo con algunas ganas de hablar, aunque no tan desesperado como para querer contarlo todo. El director y el guionista de B. no tuvieron que imaginarse unos personajes, un clímax, un desenlace. Les bastó con poco más que reproducir la comparecencia del extesorero Luis Bárcenas ante el juez Pablo Ruz y de contar con unos pocos buenos actores, como Pedro Casablanc y Manolo Solo, capaces de estar a la altura de sus personajes. El guion estaba escrito en los folios del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional. Tan solo había que adaptarlo a las exigencias de una película cuya producción no necesitaba más que 50.000 euros, recaudados a través del micromecenazgo.

B.pasa por la televisión de pago al mismo tiempo que en la crónica judicial asoman los rostros de los poderosos que, a diferencia de otros muchos, no han demostrado suficiente habilidad como para quedarse fuera del banquillo de los acusados. La emisión de B. termina en nuestras pantallas, pero en los informativos sigue el juicio sobre el caso Gürtel. El espectador empieza a confundir la ficción con la realidad. Y, si no es todo ello una y la misma cosa, la televisión nos alegra el día con otro juicio que parecía que nunca iba a poder celebrarse. El de unos consejeros de banco que, mientras lo llevaban a la ruina, se servían para sus necesidades privadas de unas tarjetas opacas. Nadie sabía nada, no tenían conocimientos financieros, no habían estado nunca en un supermercado y alguien les había clonado las tarjetas. La capacidad inventiva de sus abogados requería un relato a la medida de su desfachatez.

La novela, que es un arte que desconoce la urgencia, está cargando de tinta la pluma que se extenderá sobre el papel dentro de unos diez años o más, y si bien el periodismo lo ha contado por activa y por pasiva, pocas veces adquiere la condición de arte. Mientras, el teatro, que no ha perdido su capacidad aguijoneadora, ha puesto sobre la escena Hazte banquero, una obra que ofrece su visión “de cómo las elites que gobiernan saquearon el país”.

¿Sainete inverosímil, la política española? Triste esperpento.

Publicado en Escuela (20 octubre 2016)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s