Diccionario para intrépidos

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JAVIER SANZ

El pregón festivo de una ciudad, aunque sea grande como Barcelona, no suele constituir un acontecimiento con fuerza suficiente como para traspasar las fronteras informativas territoriales. El Ayuntamiento designa a un pregonero más o menos ilustre, este pronuncia un pregón más o menos acertado y, a su término, la fiesta empieza y la vida sigue. El Ayuntamiento de Barcelona eligió este año al escritor Javier Pérez Andújar para que abriera la fiesta mayor de la ciudad, la Mercé. Apenas trascendió su nombre, los sectores independentistas dirigieron sus resortes de opinión hacia él, que no se ha callado su posición contraria al proceso soberanista, en un movimiento que osciló entre la crítica, el linchamiento moral y la llamada al sabotaje. El pasado 22 de septiembre, al tiempo que el autor de Paseos con mi madre y Los príncipes valientes leía su discurso, el actor Toni Albà, en medio de un ondear de esteladas, vivas a la independencia y críticas a la alcaldesa Ada Colau, protagonizaba un pregón alternativo caracterizado como Felipe V, la bestia negra del catalanismo.

En su intervención, Javier Pérez Andújar orilló la polémica, deseó unas buenas fiestas a “todas las autoridades, a toda la gente sin autoridad y a todos los desautorizados en general” y emprendió un repaso por la cultura popular de la Barcelona del siglo XX, que arrancó con los nombres de los actores Mary Santpere y Cassen y terminó con la enumeración de los barrios de la ciudad tal y como los dispuso el músico Gato Pérez en su Rumba de Barcelona. Y, entre medias, el homenaje a narradoras que escribieron novelas del oeste o de ciencia ficción, a los autores de tebeos y a los quioscos que los vendían, a la factoría Bruguera y a los dibujantes del underground barcelonés de los ochenta, a la Barcelona ciudad de los libros o a la Barcelona sin suerte.

De la misma manera que el pregón de Pérez Andújar puede parecer una versión ampliada de Qualsevol nit pot sortir el sol -la canción en la que Jaume Sisa declaraba su querencia por los personajes de los tebeos, la literatura juvenil y la cultura popular-, Diccionario enciclopédico de la vieja escuela, el libro más reciente del escritor, viene a ser la matriz en la que se ha gestado  su discurso. A diferencia del Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, él no se ha limitado a definir unas palabras de otra manera, sino que les ha dado un carácter enciclopédico que no deja de recordarnos dónde podía encontrarse información de todo tipo antes de que Internet y la Wikipedia aparecieran en el horizonte.

Más que de corrido, como si fuese una novela, este otro diccionario enciclopédico debe leerse a sorbos, como se leen los libros de poesía. Ir avanzando por sus entradas supone, a ratos, un regreso a la niñez, a la recuperación de una infancia que no es la de Fernando Savater, sino la de la generación nacida en los sesenta. En manos de alguien que se retrata para la fotografía de la solapa con un ejemplar de Pulgarcito y otro de Selección Terror de la editorial Bruguera, muchas de las entradas suponen un máster en los tebeos de la segunda mitad del siglo XX y un recordatorio de todos esos personajes con los que las horas dejaban de transcurrir: Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta, la familia Cebolleta, sí, pero también de autores como Julio Verne, Stevenson, Salgari, Defoe o Melville. Por supuesto, Diccionario enciclopédico de la vieja escuela es mucho más que todo eso. Es un viaje a las fuentes nutricias de su autor, a su humor libérrimo, que unas veces se encadena a los juegos de palabras y otras galopa a través de las asociaciones de ideas.

Uno de los momentos brillantes es aquel en el que una palabra, un nombre propio o una referencia remite a otra. La entrada dedicada, por ejemplo, a Vladimir Nabokov dice: “Véase Cazamariposas”, en referencia a la pasión del autor de Lolita por los lepidópteros. Cazamariposas nos dirige a La fiera de mi niña, la película de Howard Hawks. Desde allí nos envía a Bringing Up Baby, el título original de la película protagonizada por Katharine Hepburn y Cary Grant. Bringing Up Baby lleva al lector a la entrada siguiente, Bringing Up Father, una viñeta americana que, como siempre y sin mayor explicación, nos deposita ante ‘Trifón y Sisebuta, nuevos ricos‘, que su vez nos devuelve en un círculo infernal a Bringing Up Baby, pero también a The Katzenjammer Kids, y desde aquí a Zipi y Zape y a Escobar. Y cuando creíamos por fin que el viaje se detendría en la figura de José Escobar Saliente, el creador de Carpanta, Pérez Andújar nos conduce a otro Escobar, el de El Porompompero, y a Retumba, retumba, retumba el agua, y a H₂O y a… Caemos rendidos y con una cierta sensación de mareo, sabedores de que en el camino el autor ha dejado un extraño reguero de ideas por desentrañar.

Aquí va otra entrada falsa: “Oreja rota, La. Véase Van Gogh“. ¿Algún intrépido?

Publicado en Escuela (3 noviembre 2016)

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