El silencio (roto) de Dylan

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JAVIER SANZ

La polémica no es algo a lo que sea ajeno el Premio Nobel. El de la Paz, por ejemplo, está sometido casi siempre a todo tipo de discusiones. Y la controversia en torno al de Literatura suele venir por los galardones que no ha dado. La nómina de escritores que han sido orillados por los académicos suecos es demasiado notable. Marcel Proust, James Joyce, Vladimir Nabokov, Virginia Woolf o Jorge Luis Borges, cinco autores sin los que es difícil entender la escritura en el siglo XX, nunca recibieron el reconocimiento del más universal de los premios, ese que establece una suerte de canon mundial.

Su concesión este año a Bob Dylan ha generado un enorme debate. Mientras los cantautores lo han sentido como propio, como el reconocimiento que nunca llegaba, en los reinos de la literatura ha cundido la estupefacción. Algunos escritores han visto en ello una especie de afrenta, una traición, una prueba de deslealtad. Algo incomprensible. Los pronósticos que salían de las casas de apuestas más afamadas, y que desde hace años incluían a Bob Dylan entre candidatos como Philip RothHaruki Murakami, no los habían preparado para una decisión así. Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura de 2010, ha hablado de “frivolización de la cultura” y, en un alegato teñido de corporativismo, ha sentenciado: “El Premio Nobel debe ser para una obra literaria de calidad. Debe ser un premio para escritores y no para cantantes”.

Salman Rushdie ha sido de los que se han felicitado en público por la elección: “De Orfeo a Faiz, la canción y la poesía han estado íntimamente ligadas. Dylan es el brillante heredero de la tradición bárdica. Gran elección”. Entre nosotros, Pere Gimferrer también la ha alabado. “Dicen que es un compositor de letras de canciones, pero… ¿alguien hubiese encontrado mal un Premio Nobel a Jacques Prévert? No lo creo. ¿A Georges Brassens? Tampoco. ¿La diferencia es que uno es francés y Dylan más moderno y de EEUU? A ver si recordamos que la poesía de los trovadores toda fue escrita para ser cantada. Y nadie los discute”.

El más generoso de los galardones literarios -ocho millones de coronas suecas, alrededor de 800.000 euros- se entrega anualmente a una obra que suele quedar definida en una frase. En esta ocasión, Dylan ha sido galardonado “por haber creado nuevas expresiones poéticas desde la gran tradición de la canción estadounidense”. Debió sonar a poco, porque la secretaria permanente del Comité del Premio Nobel, Sara Danius, se vio obligada a ampliar la justificación. “Si miras atrás, muy atrás, tienes a Homero y a Safo, que escribían textos poéticos destinados a ser escuchados, a ser interpretados con instrumentos. De la misma forma con Bob Dylan. Todavía leemos a Homero y a Safo y los disfrutamos, y lo mismo con Bob Dylan, él puede ser leído y debe ser leído. Es un gran poeta en la tradición poética en inglés”.

Al reconocimiento, el premiado respondió con un silencio que dio pábulo a todo tipo de análisis. Un miembro de la academia sueca lo tildó de descortés y arrogante, mientras que, en un artículo publicado en The New York Times, el poeta y crítico Adam Kirsch, recordaba a Jean Paul Sartre y aseguraba que Dylan había mejorado el rechazo del pensador francés al Nobel: “En vez de declinar el premio, simplemente ha declinado reconocer su existencia”. Kirsch veía en esa determinación una cierta justicia poética. Desde 1993, año en que se reconoció a la novelista Toni Morrison, ningún otro escritor norteamericano ha merecido la aprobación del selecto tribunal. Premiar a Dylan suponía, a juicio de Kirsch, un insulto a los grandes novelistas y poetas estadounidenses, aunque admitía que era dudoso que el silencio del músico se pudiese entender como una defensa del honor de la literatura americana, toda vez que con anterioridad había aceptado el Premio Pulitzer y “siempre había sido difícil de interpretar, como persona y como letrista”.

Al cabo de dos semanas de absoluto mutismo, cuando ya la Academia parecía haberse rendido ante su insondable silencio, Bob Dylan ha dado señales de vida. “¿Si acepto el premio? Por supuesto. La noticia sobre el Premio Nobel me dejó sin palabras. Agradezco el honor”. Al tiempo, venía a confirmar que no se espere de él que sea un premiado al uso. En 2007 no acudió a Oviedo a la ceremonia de entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y en 2008 fue su hijo Jesse el que recogió en su nombre el Pulitzer, que por primera vez se concedía a un músico de rock. ¿Viajará a Estocolmo para recibir de manos del rey Carlos Gustavo el premio de la polémica? Ha prometido que sí, “si puede”. La respuesta, amigos míos, está en el aire.

PD: Dylan no recogerá el Nobel porque tiene “otros compromisos” y en Twitter se los inventan

Publicado en Escuela (10 noviembre 2016)

 

 

 

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