Eliot y la posteridad

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JAVIER SANZ

¿Coincide la idea que se hacen los grandes autores sobre su propia obra con la que les otorga la posteridad? Un joven escritor de 31 años, Donald Hall, que ya ha publicado tres o cuatro libros de poesía, entrevista a T. S. Eliot para el número de la revista literaria The París Review correspondiente a la primavera-verano de 1959. Galardonado once años antes con el premio Nobel de Literatura, Eliot (Saint Louis, Missouri, EEUU, 1888-Londres, 1965), además de un crítico importante, es, para entonces, el reputadísimo autor de La tierra baldía (1922) y de Cuatro cuartetos (1943). En un momento de la conversación, mantenida durante una breve estancia del poeta en Nueva York, camino ya de Londres tras unas vacaciones en las Bahamas, Hall le pregunta si considera que Cuatro cuartetos es su obra cumbre. Sin ningún género de duda, T. S. Eliot responde que sí, y añade que le gusta pensar que, a medida que avanzan, se hacen mejores. “El segundo es mejor que el primero, el tercero es mejor que el segundo y el cuarto es el mejor de todos. De cualquier forma, me gusta halagarme con que es así”.

Eliot escribió La tierra baldía en Inglaterra, adonde se trasladó en 1914 y donde al poco de establecerse conoció a Vivien Haigh-Wood, con quien se casaría en un arranque súbito, y de la que se separaría tras una difícil relación de dieciocho años a la que no fueron ajenos los problemas mentales de su esposa. En ese libro, para cuya versión final habría de contar con la valiosa aportación crítica de otro poeta americano en Londres, Ezra Pound, Eliot vuelca tanto sus experiencias de lo que supuso el terrible conflicto bélico europeo como las sacudidas de su tormentosa relación conyugal. “Varios críticos me han hecho el honor de interpretar el poema en términos de una crítica al mundo contemporáneo; de hecho lo han considerado como una importante muestra de crítica social”, comentó en alguna ocasión el poeta, que precisaba que para él era “solo el alivio de una personal y totalmente insignificante queja contra la vida. No es más que un trozo de rítmico lamento”.

Cuatro cuartetos se escribió de una manera fragmentaria y sin la ambición estructural que acabaría por tener. ‘Burnt Norton‘, el primero de los cuatro, fue compuesto con gran rapidez a finales de 1935, y solo cinco años después Eliot acometería el segundo, que debía venir a complementarlo. Pero fue entonces cuando tuvo la visión de un proyecto más general, que terminaría dando forma a la obra que hoy conocemos y que aparecería en 1943.

Las traducciones también envejecen y unas nuevas suelen aportar otro lustre y otra visión. Después de las ya clásicas de José María Valverde (Alianza Tres) y de las de Esteban Pujals o Viorica Patea (Cátedra), el último es atreverse a verter la difícil obra de Eliot al castellano ha sido Andreu Jaume. Si para Valverde y para Patea, “abril es el mes más cruel”, Andreu Jaume opta por traducir: “Abril es el más cruel de los meses, pues engendra / lilas en el campo muerto, confunde / memoria y deseo, revive / yertas raíces con lluvia de primavera”. De la misma manera, el célebre arranque de los Cuartetos que en la traducción de Valverde decía: “El tiempo presente y el tiempo pasado / están quizá presentes los dos en el tiempo futuro / y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado”, adquieren en la versión de Jaume esta otra forma: “Tanto el tiempo del presente como el tiempo del pasado / quizá estén presentes en el tiempo del futuro /y el tiempo del futuro dentro del tiempo del pasado”. Con un ojo en la página traducida y otro en la versión original, es grato dejarse acompañar ahora por la voz de Jeremy Irons, que acaba de grabar la obra poética de Eliot para BBC Radio 4. Los versos del poeta americano adquieren otro tono en la cadencia del actor británico: “April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain“.

Dicen que Jaime Gil de Biedma, excelente conocedor de la poesía inglesa, dividía a los escritores entre los que preferían La tierra baldía y los que se decantaban por Cuatro cuartetos. “Los Cuartetos son un gran conjunto de momentos deslumbrantes, pero no forman unidad. Son desiguales y extremadamente intelectuales. Son poemas filosóficos, como los de la baja latinidad “, zanjó de una vez Félix de Azúa, a preguntas de Javier Rodríguez Marcos,  cuando se publicó la versión de Andreu Jaume de The waste land. “La tierra, en cambio, es un poema tan sólido, coherente y articulado como las Coplas de Manrique y además”, sentenció, “de una emoción inmediata; es un poema carnal”.

¿Cuatro cuartetos? ¿La tierra baldía? ¿Estaba T. S. Eliot en lo cierto al responderle a Donald Hall?

Publicado en Escuela (9 febrero 2017)

 

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